Los mundos subterráneos

La gruta, lugar sagrado en la antigüedad clásica, considerado como morada de las divinidades subterráneas e infernales, así como lugar de nacimiento de algunos dioses, accede en la Edad Media al ámbito teatral y al de la jardinería, tan vinculados entre sí.

Fíjate en esto

Durante un tiempo, en mis alumnos prendió la afición de ir a la busca y captura de festaiuoli en la pintura. Un festaiuolo es una figura que, en el teatro renacentista, asume la función del coro: en lugar de abandonar el escenario al terminar su actuación, permanece en él y actúa como mediador entre el espectáculo y el público, reclamando su atención hacia las escenas más relevantes. Como indicó Michael Baxandall, esta figura, como tantos otros recursos teatrales, pasó de la escena a la pintura.

Aunque parezca sorprendente, nunca se ha realizado una exposición sobre el Greco en Toledo. En 1902 se celebró la primera muestra sobre el artista en el Museo del Prado y, desde entonces, la figura del pintor se ha dado a conocer a través de exposiciones en el mundo entero, pero nunca en Toledo, su ciudad.

Las Furias. De Tiziano a Ribera - The Cult.es

Desde el 21 de enero hasta el 4 de mayo de 2014, el Museo del Prado presenta Las Furias. De Tiziano a Ribera, una muestra que ilustra el nacimiento, evolución y ocaso del tema de las Furias desde su irrupción en el arte europeo, a mediados del siglo XVI, hasta finales del siglo XVII.

Un pintor olvidado, Vicente Alanís

En 2010, un estudio de la Universidad Pablo de Olavide reconstruyó por primera vez la vida y catalogó la obra de Vicente Alanís (1730-1807), pintor sevillano y uno de los protagonistas de la transición de la última fase del barroco a los comienzos del academicismo en Sevilla.

Aunque se cuenta, con razón, a Raimundo Sabunde en el número de los lulianos, porque sigue la misma dirección sintética y armónica, y toma de Lulio las pruebas naturales que intenta dar de los dogmas revelados, tiene, con todo eso, Sabunde su originalidad propia y grandísima, que consiste en el método. La ciencia de Sabunde, según anuncia su propio autor, no necesita del concurso de ninguna otra ciencia, ni presupone la lógica, ni la metafísica, ni alega la autoridad de ningún doctor, aunque conduzca a la inteligencia de todos. Esta ciencia real e infalible más que otra alguna, está fundada en la experiencia, y principalmente en la experiencia que cada cual tiene de sí mismo.

Las tres famosísimas Comedias del Ilustre Poeta y gracioso representante Alonso de la Vega fueron «sacadas a luz» por Juan de Timoneda en el año de 1566, sin indicación de impresor, que fue probablemente Juan Navarro, según fundada conjetura del doctísimo historiador de la imprenta en Valencia. Los tipos son, en efecto, los que él usaba, y el aspecto de la edición es igual al de varias obrillas de Timoneda, que imprimió el mismo Navarro por aquellos años.

Esta obra clásica y admirable, contada por algunos entre las novelas, si bien su fondo es esencialmente dramático, lleva por título verdadero el de Tragicomeaia de Calixto y Melibea, y fue impresa por primera vez en 1499, y en Burgos, según la opinión más autorizada y probable. Tal como la leemos hoy, consta de veintiún actos; la primera edición no tiene más que diez y seis, y ofrece además singulares variantes, que todavía no han sido sometidas a un examen crítico. En algunas ediciones del siglo XVI, posteriores a las primitivas, hay un acto entero, el de Traso, que desapareció más adelante, no sabemos si por ser intercalación de pluma distinta de la del bachiller Fernando de Rojas, o porque (a pesar de ser obra suya) pareciese (como lo es en efecto) cosa episódica e inútil para el progreso de la fábula.

Es una lástima que el hispalense don Nicolás Antonio, que tantas buenas cosas hubiera podido decirnos de Caro, a quien alcanzó sin duda, pero de quien no debía de ser muy devoto por la cuestión de los falsos Cronicones, anduviera tan parco y sucinto en el artículo correspondiente de su Bibliotheca, donde se limita a decirnos su patria y alguno de los oficios que desempeñó, y a darnos una noticia, ni completa ni bien ordenada, de sus principales obras, omitiendo por lo demás hasta el año de su nacimiento y el de su muerte, y eso que merecía esta diligencia mejor que otros a quien no se la negó nuestro bibliógrafo.

De Alfonso V, guerrero y conquistador, se ha escrito bastante en Italia y en otras partes, por ser sus hechos de los más capitales en la historia general del siglo XV. Poco se ha hecho en España, donde los novísimos historiadores de la Corona de Aragón apenas han añadido cosa de sustancia a la exacta y copiosa narración de Zurita. Pero el aspecto literario, que tratándose de Alfonso V, es por ventura no menos interesante que el político, ha llamado la atención de nuestros eruditos antes que la de los extranjeros, y ha de reconocerse a don José Amador de los Ríos, entre tantos otros méritos de investigación y de crítica, el de haber comprendido antes que otro alguno la especial importancia de este asunto, dedicándole dos largos capítulos, de los mejores del tomo VI de su Historia de la literatura española, en que discurre ampliamente sobre el Carácter general de las letras, bajo el reinado de Alfonso V de Aragón, y sobre los poetas latinos, castellanos y catalanes de su corte.