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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

No fue tanto un prodigio de la naturaleza como un agente de su venganza. En 1820, en el apogeo de la industria ballenera, un cachalote pálido se presentó ante sus cazadores como un leviatán que liberase la ira de su estirpe. Aquel fue un monstruo marino que pronto se transformó en mito literario.

"Many are the men, small and great, old and new, landsmen and seamen, who have at large or in little, written of the whale" (Herman Melville)

“¿Es la ballena un pez?” se preguntaba retóricamente William Sampson en el título de su Reporte fidedigno sobre el caso de James Maurice contra Samuel Judd. El “reporte fidedigno” se refería a un sonado caso que se ventiló en una corte neoyorquina sobre un incidente aparentemente intrascendente.

Lectura en un barco ballenero

Abro un viejo ejemplar de Moby Dick que leí hace mucho. Las palabras que vivían en la superficie de las páginas se han hundido en el papel, que ha adquirido una consistencia mineral, de grava a la intemperie.

 Una de las experiencias, sin duda, más alucinantes de mi niñez ocurrió en el Zoológico de Barcelona, cuando yo tenía diez u once años. No sé si era el año de las Olimpiadas. En verano, mis padres no conseguían apuntarme a deportes, pero estaban empeñados en que invirtiera parte de las vacaciones en algo productivo. Así nació la costumbre de asistir a los cursillos para niños que organizaba la Escuela del Zoo de Barcelona.

La Corte Internacional de Justicia (CIJ) de la ONU ha dictaminado hoy que el programa de caza de ballenas en la Antártida de Japón no es para fines científicos.

Cada año el cachalote (Physeter macrocephalus), un mamífero marino que puede medir hasta más de 20 metros de longitud, visita las aguas españolas aunque permanece en sus profundidades. Su gran tamaño –es el animal con el mayor cerebro- y sus dientes le otorgaron en siglos pasados una mala fama de la que no es merecedor. Cazado y perseguido por el ser humano hasta los años ’70, sus poblaciones son ahora vulnerables y claman su conservación.