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La antigüedad del universo


Los cálculos sobre la antigüedad del universo ofrecen horquillas de más y menos que, para la medida del tiempo humano, resultan inimaginables.

Se suele aceptar que una imagen vale más que mil palabras sin reparar que di­cha afirmación no se presenta con imá­genes sino con palabras. Bajo ar­di­des semejantes, las imágenes han sido rebajadas en múltiples ocasiones a un segundo plano donde fungen como me­ras acompañantes de texto, limitan­do sus funciones —en el mejor de los casos— a las de didáctica, como ayu­dan­tes en la comprensión de la lectura, algo que ocurre frecuentemente en los textos científicos, en particular aque­llos de divulgación. Hay un caso famoso, el de un grabado publicado por el as­tró­no­mo francés Camille Flammarion, el cual ha sido utilizado en nume­rosas ocasiones como un mero adorno sin pres­tar atención a su intrincado dis­cur­so visual y origen.

Hijo de padres extremeños, Pedro Duque nació en Madrid el 14 de marzo de 1963. Tras cursar los estudios primarios y el bachillerato, ingresó en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros (E.T.S.I.) Aeronáuticos de la Universidad Politécnica de Madrid, donde se graduó en 1986. Ese mismo año empezó a trabajar en la compañía GMV y fue destinado al centro ESOC que tiene la Agencia Espacial Europea (ESA) en Darmstadt, Alemania. Allí ingresó en el Grupo de Determinación Precisa de Órbitas para elaborar modelos y algoritmos, así como en la implementación de programas orbitales de naves especiales, hasta que en 1992 se postuló como candidato a un concurso organizado por la agencia para seleccionar astronautas.

El viento del sol

En 2016 hubo una noticia interesante en el ámbito de la navegación espacial. Un grupo de físicos de la Universidad de California en Santa Bárbara dio a conocer sus investigaciones sobre la posibilidad de utilizar la propulsión fotónica. Es decir, que los fotones emitidos por un laser golpearan una nave (en principio pequeña) de tal manera que el empuje generado permitiera a dicha nave alcanzar altas velocidades. Recordemos que en el espacio no hay rozamiento que frene los objetos en movimiento.

En la madrugada del 24 de diciembre de 1858 un aerolito cruzó la atmósfera en la localidad murciana de Molina de Segura produciendo un gran ruido y un temblor similar a un terremoto. Unos días después un labrador encontró el meteorito más grande caído en España, del que existe una excelente documentación en el Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Esta magnífica pieza se exhibe en la Sala de Meteoritos del Museo.

"Camarada representante de la Comisión Estatal, la cosmonauta Tereshkova está lista para el vuelo". Valentina se despide de la Comisión antes de acceder a la Vostok 6, y antes de pasar a la historia como la primera mujer en conquistar el espacio.

Para los que trabajamos en el sector espacial, hay tres fechas emblemáticas que todos recordamos: la puesta en órbita del primer satélite artificial, el Sputnik, el 4 de octubre de 1957; el primer paseo lunar, el 20 de julio de 1969 y, sin duda alguna, el 12 de abril de 1961, el día en que por primera vez un ser humano, el Mayor Yuri Alekséyevich Gagarin, ciudadano de la URSS, estuvo en órbita alrededor de nuestro planeta.

Es el único de los tres meteoritos recolectados en la península ibérica en el siglo XVIII que se conserva. Cayó en noviembre de 1773 en los alrededores del Real Monasterio de Sigena, Huesca. Ingresó en el Real Gabinete de Historia Natural en 1774 y fue el primer meteorito de la colección de geología. Hoy puede verse en la Sala de Meteoritos del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).

El 22 de febrero de 2018, España se convirtió en el tercer país europeo con la capacidad de observar la superficie terrestre vía satélite. Todo ello gracias al satélite español PAZ, cuyo radar de alta resolución vigila nuestro planeta día y noche, y con todo tipo de condiciones meteorológicas.

El físico y profesor Eugenio Fernández Aguilar ha dedicado cuatro años a investigar cincuenta de las hipótesis en las que se basa la conspiración lunar, el resultado está publicado en el libro La conspiración Lunar ¡Vaya timo! En él, Eugenio demuestra con conocimientos básicos de física y con un sano pensamiento crítico, que es el corazón del pensamiento científico, cómo la mal llamada teoría de la conspiración lunar no tiene sentido.