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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Museo de brujos

Y la historia dice así:
1. Resulta que todos los machirulos surrealistas eran unos fascinados por el esoterismo vario. Leían todo lo que caía en sus manos sobre magia, alquimia, Tarot. Se reunían en sórdidos cafés y elaboraban toda suerte de teorías variopintas. Uno de sus libros de cabecera fue Le Musée des Sorciers, Mages et Alchimistes (París, 1929), de Grillot de Givry, ocultista parisino que había estudiado con los jesuitas y se había interesado, desde muy joven, por la alquimia, llegando a traducir al francés la obra completa de Paracelso.

Uno de los comienzos más citados de la historia de la literatura es éste:

El rey que protegía las flores

Cuenta la tradición que el viejo convento de carmelitas calzados fue fundado por Miguel Navarro, boticario de Felipe II. Nunca, hasta hace unos días, había oído hablar de Miguel Navarro, aragonés de Rubielos de Mora, experto herbolario y diestro boticario.

Ana Pérez "La Perona"

Un dato: Ana Ruiz, conocida entre sus vecinos como "La Perona", era la encargada de suministrar aguas destiladas al boticario Sancho de Jaén, en la Córdoba de 1499.

"¿El engaño perpetrado por un genio? Hay quien aún lo sostiene, pero hace tiempo que la hipótesis falsaria perdió fuerza. Exactamente desde que, en los años 40, el lingüista estadounidense George Zipf formuló la Ley de Zipf sobre la frecuencia de las palabras utilizadas en un texto. Según ella, el vocablo más utilizado aparece el doble de veces que el segundo más utilizado, el triple de veces que el tercero, el cuádruple que el cuarto, y así sucesivamente. Los estudiosos confirmaron hace tiempo que el texto del Voynich cumple con esa matemática de la palabra… y evidentemente nadie en el siglo XV (fecha científicamente probada de origen del texto) podía conocer ese enunciado." ("El libro más misterioso del mundo", Borja Hermoso, El País, 12-12-2015)

Labor Mulierum

En la British Library se conserva el, quizás, más bello códice alquímico jamás creado, titulado Splendor Solis. Fechado a finales del siglo XVI, recoge toda la filosofía alquímica a través de espléndidas ilustraciones. Una de ellas ilustra un topoi alquímico clásico: Labor mulierum.

Desmontando a Paracelso

Paracelso era un médico suizo demasiado aficionado a la polémica. Un broncas, que diríamos ahora, para entendernos. Un libre de espíritu que no se callaba ante nada ni nadie; de ahí que durase poco en las ciudades donde contrataban sus servicios.

Boni Alchymiae

"El ver las medallas y antiguallas sin quererlas entender es cosa de hombres curiosos y vanos. Aunque muchas cosas hay que comienzan con un fin que después resulta dellas otra cosa, como de la alquimia sale el provecho del saber destilar agua. Yo he visto muchas personas deleitarse de tener muchas antiguallas y gastar en comprarlas muchos reales y entender poco dellas, pero seguíase cierto provecho de su curiosidad, que los hombres dotos hallaban en aquellas casas recogidas muchas medallas y antiguallas las quales ellos no pudieran juntar por su pobreza". Quien escribe estas palabras es Antonio Agustín en su obra señera Diálogos de las medallas, inscripciones y otras antigüedades (Tarragona, 1587).

En 1681 veía la luz Piratas de la América (Colonia Agrippina, en casa de Lorenço Struikman), traducción española del original flamenco De Americaensche Zee-Roovers (Amsterdam, Jan ten Hoorn, 1678).

Mujeres alquimistas

Hay una imagen que aborrezco con toda la fuerza de mi ser. Una imagen alquímica repetida hasta la saciedad, a lo largo de los siglos. Una imagen bautizada como Soror Mystica y que alude a la mujer ayudante del alquimista hombre. Imagen que encuentra su máxima expresión en Perenelle, esposa del escribano Nicolás Flamel, un parisino del siglo XIV que, decían, obtuvo la piedra filosofal. Un tipo que se transformó en el icono de todo alquimista en ciernes, deseoso de tener una Perenelle a su lado que le inspirase, le motivase y, todo hay que decirlo, mantuviese vivo el fuego del atanor donde debía producirse la ansiada transmutación.