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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

El zoológico es para la mayoría un lugar de esparcimiento y diversión para ir con la familia y los amigos, pero ¿cuál es su función en un planeta que pierde aceleradamente su riqueza natural?

Era verano de 1861 cuando P. T. Barnum, “el gran Showman americano”, anunció su nueva exhibición en el museo americano de Nueva York: dos belugas vivas. El New York Tribune relató la llegada de estas ballenas que causó estupor entre el público que nunca había visto animales vivos en cautividad. Fue el primer intento de Barnum de exhibir cetáceos.

La relación del ser humano con el medio físico y biológico se remonta al origen del hombre mismo, pudiendo señalarse que en las diferentes culturas dicha relación, manifestada a través de las de las expresiones materiales y espirituales, ha presentado diversos grados de complejidad de acuerdo a la naturaleza y nivel de desarrollo de cada pueblo. Sin duda, este desarrollo ha ido repercutiendo en los niveles de convivencia establecidos con el entorno, ya que ésta se ha visto severamente deteriorada al convertirse el hombre en ciudadano.

La “mentira de la selva”. Así arrancaba el artículo del Washington Post de 2008 que revelaba la verdad de Chita, el chimpancé macho (Pan troglodytes) amaestrado que coprotagonizó junto con el actor olímpico Johnny Weissmuller la película Tarzán de los monos (1932) y los doce siguientes títulos de la saga inspirada en el personaje de Edgar Rice Burroughs.

 Una de las experiencias, sin duda, más alucinantes de mi niñez ocurrió en el Zoológico de Barcelona, cuando yo tenía diez u once años. No sé si era el año de las Olimpiadas. En verano, mis padres no conseguían apuntarme a deportes, pero estaban empeñados en que invirtiera parte de las vacaciones en algo productivo. Así nació la costumbre de asistir a los cursillos para niños que organizaba la Escuela del Zoo de Barcelona.