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No es mucho lo que un viejo lector de tebeos le pide a una película de estas características.  Si lo pensamos bien, el problema ‒para quien quiera verlo‒ es que hemos convertido el subgénero de los superhéroes en algo que sólo llegó a ser raramente: algo profundo y tirando a serio, con una gravitas desproporcionada.

En Batman v Superman se cruzan dos orientaciones distintas de los superhéroes modernos. Por un lado, la película galvaniza nuevamente esa solemnidad impuesta por Christopher Nolan. Y por otro, bajo el peso de todo ese dramatismo, se abre camino el tono ligero de los viejos tebeos de paladines enmascarados, más cercano a la mitología pop que a la crónica de sucesos.

Cada flecha traza en el cielo un prolongado itinerario. La sangre se derrama caprichosamente en el aire, mientras el cuerpo del enemigo herido se convulsiona fotograma a fotograma. El combate tiene la densidad de un viaje psicodélico, como si la muerte adquiriese formas de percepción totalmente nuevas. El detallismo de una gota de sudor cede paso a un aparatoso descuartizamiento a cámara lenta. Solo algunas pistas nos sugieren realismo en este escenario virtual. El resto –las batallas, las arengas, incluso el sexo– parece salir de un videojuego y cautivará –principal o casi exclusivamente– a quienes sean felices encadenados a la pantalla del ordenador.

Hablemos del cine histórico. Sobran las razones para ello. Al fin y al cabo, siempre queda un retazo de la antigüedad en esa pantalla donde ahora, con efectos dignos de una fiesta mayor, nacen héroes y paladines, llenándole a uno de envidia hacia esos tipos que, a golpe de mandoble, quieren ganarlo todo y gozarlo todo.

En los albores del mito de Superman, el hombre de acero se consolidó como una de las figuras más esperanzadoras y optimistas la primera mitad del siglo XX. Creado en tiempos del New Deal, el kryptoniano ocupó un lugar en nuestro imaginario del que nadie –ni siquiera la oleada de superhéroes existencialistas– ha logrado desalojarle.

Debido al carácter marcadamente icónico del personaje de Superman, Henry Cavill, que es quien atraviesa los cielos en la película de Zach Snyder, se mostraba tanto entusiasmado como abrumado por interpretar al protagonista de El hombre de acero.

Conocido por su gran habilidad para dotar a sus películas de gran energía y por crear mundos fantásticos en la gran pantalla, Zack Snyder, el realizador de El hombre de acero, dudó a la hora de aceptar la responsabilidad de llevar a la pantalla uno de los primeros cómics de superhéroes.


Piensan algunos que el final del siglo XX anticipó la extinción de los héroes de la vieja escuela. Por ejemplo, el Hombre de Acero.



Amanecer de los muertos es una revisión del clásico del cine de terror apocalíptico Dawn of the Dead (Zombi fue su título español), dirigido por George A. Romero hace 25 años. La película marca el debut en la realización del galardonado fotógrafo y director publicitario Zack Snyder, a partir de un guión adaptado de James Gunn.

"300" (Zack Snyder, 2007)



Ya hace casi una década que los aficionados al noveno arte disfrutan y discuten sobre 300, ese cómic difícil de guardar en la estantería por su formato apaisado y de gozosa revisión gracias a los espectaculares diseños de Frank Miller, quien aquí añade a sus famosos claroscuros buenas dosis de colores espectaculares, sin olvidar esas chocantes rótulos entre episodios.