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El canon de Bloom

Kanon llamaban los griegos a un tallo, una varita y también a la regla y la norma, porque las varitas sirven para medir, para regular. Los latinos extendieron las acepciones y llamaron canon a las contribuciones, leyes y tributos. Un tubo de máquina hidráulica era, en Roma, algo canónico,como después fue el tubo del cañón. En la música, el canon es la repetición fugada de una frase melódica.

Harold Bloom y Shakespeare

En su libro sobre Shakespeare (Shakespeare. La invención de lo humano, traducción de Tomás Segovia, Anagrama, Barcelona) Harold Bloom intenta redefinir el humanismo, situando al escritor inglés en la caracterización esencial de nuestro concepto de lo humano.

Muera madame Bovary

La muerte por ingestión de arsénico de doña Emma Bovary ha dado mucho de que hablar. Ni más ni menos que nuestra ¿Cómo ves? ha abordado el tema de la explicación bioquímica de la acción de los venenos y, por supuesto, de algunos famosos envenenamientos históricos y literarios. Yo viví durante algún tiempo de juventud expuesta al “olor a almendras amargas”, pues era fan de Agatha Christie.

Mi amigo el muerto

De los múltiples géneros y tópicos del periodismo, uno muy especial es el de la necrológica. Es un tipo de nota en que un vivo intenta señalar que sigue vivo frente a un congénere que ya no lo es. Es decir que el protagonista de la prosa es el superviviente y no, como sería del caso, el occiso.

La muerte aplazada

En La improbable verosimilitud de Shakespeare me referí a la regla de las tres unidades (lugar, tiempo y acción), atribuida a Aristóteles por los preceptistas del Renacimiento y adoptada por los clasicistas franceses.

"Shakespeare", de Paul Edmondson

No quiero parecer melancólico, pero supongamos que figuras como Shakespeare, justamente por su profundidad, empiezan a ser desplazadas en la era de Twitter y YouTube. Lo sé: las nuevas tecnologías y la aceleración de sus estímulos no deberían ser ligadas a un menor interés literario, pero... En fin, aceptemos por un momento que, por esas cosas que tienen estos tiempos febriles, conviene subrayar de nuevo la importancia de ciertas obviedades.

Jan Kott hace un interesante análisis de la escena de El rey Lear en la que Edgar guía al ciego Gloucester (su padre) hacia un precipicio. No existe tal precipicio, pero Edgar cree que puede curar de su locura al anciano si lo conduce hacia una falsa muerte. Se van arrastrando hasta el precipicio y, finalmente, el anciano se lanza al abismo. Cae y muere. O eso parece, porque, en realidad no hay tal caída.

Las reglas del juego en Shakespeare

A William Shakespeare los críticos de su época le acusaban de inverosimilitud porque no respetaba la regla de las tres unidades. La regla de las tres unidades exigía que una obra debía desarrollarse en el mismo lugar, en un espacio de tiempo limitado, un día como máximo, y con una única acción fundamental.

Incendio en el museo

En la película de Woody Allen, Balas sobre Broadway (Bullets Over Broadway, 1994), el dramaturgo David Shayne (John Cusack) y sus amigos conversan en una terraza de Greenwich Village. Uno de ellos, Flender (Rob Reiner), propone un dilema clásico:

Quiero dejar aquí una cita tomada de los fragmentos autobiográficos de Frances Yates, que pretendo incluir en un ensayo acerca de la filosofía de la crítica literaria.