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De cómo una película de periodistas se transforma en una película de investigación detectivesca. De cómo dos actores crean un equipo engrasado, con química y fortaleza visual, a pesar de ser muy distintos o quizá por eso. De cómo un enrevesado tema político se desliza con suavidad y sin aristas hasta culminar en unas imágenes casi líricas. De cómo se echa de menos, en el tiempo de la posverdad, que los periodistas escriban verdades. Eso es Todos los hombres del presidente, una producción de 1976, dirigida por Alan J. Pakula y protagonizada por Dustin Hoffman y Robert Redford.

Un momento cinematográfico

El cine, y también la novela, seleccionan ciertos hechos de la vida real porque le resultan especialmente interesantes o vistosos. La novela lleva haciéndolo desde hace siglos y el cine desde hace más de cien años. Muchos de estos momentos de la vida se han repetido tantas veces en el cine que acaban recordando no a la vida, sino a otra película.

Dos hombres y un destino, la película de George Roy Hill con guión de William Goldman y protagonizada por Robert Redford y Paul Newman, es uno de los ejemplos más conocidos de las tramas de amistad: dos amigos que emprenden un viaje juntos.

El guionista de Dos hombres y un destino y La princesa prometida, William Goldman, considera que el desenlace de la película Excalibur es uno de los peores que conoce: