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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Al leer un ensayo de David Lodge, supe que la novela favorita de Proust era Un par de ojos azules (1873), de Thomas Hardy. Quiso algún dios generoso que se produjera la feliz coincidencia de que mi hermana tuviera ese libro. Así que lo he leído.

"Los habitantes del bosque", de Thomas Hardy

Ella decía la verdad. No mentía. Mentir no le gustaba. Consideraba que mentir era una forma de traición, una manera de degradarse a sí misma. La lealtad, que era una virtud que tenía cosida al alma, estaba construida con la verdad y con el cariño. Ambas permanecían unidas e inseparables. Es así como la concebía. Una suerte de barrera contra la manipulación, contra el odio y el rencor que las personas suelen guardar en la zona trasera del corazón y que los convierte en seres sin sentimientos.

Gusto y disgusto

Montañas de libros se han escrito para explicar la realidad objetiva de lo bello y la reacción subjetiva ante lo bello. De cualquier manera, al fin y al cabo, lo que nos ocurre se puede sintetizar en cinco palabras: “Me gusta, no me gusta”. Son juicios inconvincentes pero absolutos e inapelables. ¿Quién puede decir a otro que está equivocado en gustar/no gustar de tal o cual cosa? ¿Quién puede discutir a Fulano que se haya enamorado de Zutana?