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La boda de Superman

¿Deben casarse los superhéroes? ¿Pueden aceptar las convenciones sociales del matrimonio cuando lo suyo es lucir un vistoso uniforme elástico y acreditar que no han perdido ni un ápice de sus poderes? Si esas preguntas han generado complicados debates, imaginen lo que ocurrió cuando en 1996 DC Comics optó por llevar al altar al primer representante de esa estirpe: el mismísimo Superman.

No es mucho lo que un viejo lector de tebeos le pide a una película de estas características.  Si lo pensamos bien, el problema ‒para quien quiera verlo‒ es que hemos convertido el subgénero de los superhéroes en algo que sólo llegó a ser raramente: algo profundo y tirando a serio, con una gravitas desproporcionada.

Pura maldad: Lex Luthor

Con su terrible causticidad y su prodigioso cerebro, Lex Luthor ha ido consolidándose como el villano ideal: ese malvado cuya sola presencia convierte a un tebeo en una fiesta para el lector.

La perpetua juventud

Pertenezco a la época de quienes nos educamos a partir de la historieta. A cierta altura de la vida, nos hemos sorprendido, tras habernos habituado, a la perpetua juventud de sus héroes. Les resulta imposible envejecer, siquiera madurar.

Un repaso de los títulos de la línea Otros Mundos dibuja una topografía que nos conduce al pasado y al futuro, y que remite a ese escenario donde los superhéroes son tratados como parte de una mitología flexible, enriquecida con aportes del cine y la literatura.

Para refrescar la memoria de los amantes del cómic de superhéroes clásico, les diré que esta obra de Alex Ross y Paul Dini es de una belleza abrumadora, tanto por la sensibilidad de su guión ‒forzosamente breve‒ como por su vigor artístico a la hora de rendir tributo al panteón DC.

Para que un superhéroe continúe existiendo en el imaginario colectivo, de cuando en cuando debe renacer con los rasgos, las inquietudes y los deseos que le adjudica cada nueva generación de lectores.

Nota previa: este artículo contiene algunos detalles sobre la trama y el desenlace del film de Zack Snyder. Es preferible leerlo tras haber visto la película.

En Batman v Superman se cruzan dos orientaciones distintas de los superhéroes modernos. Por un lado, la película galvaniza nuevamente esa solemnidad impuesta por Christopher Nolan. Y por otro, bajo el peso de todo ese dramatismo, se abre camino el tono ligero de los viejos tebeos de paladines enmascarados, más cercano a la mitología pop que a la crónica de sucesos.

Unir en una misma fórmula convenciones ya conocidas por el lector y sorpresas emocionantes, que nos obligan a sopesar desenlaces impredecibles, es la clave de eso que llamamos universos alternativos. A escala superheroica, lo habitual en estos casos es suscitar paradojas temporales, que sitúan a los héroes en nuevos escenarios históricos o en un cosmos de signo inverso al habitual.