graciasportadadefesq

La estética de Bernie Wrightson nos ha acostumbrado desde hace décadas a apreciar la dimensión artística del cómic de horror. No en vano, a Wrightson le debemos delirios góticos de extraordinaria belleza, tan minuciosos como un grabado del XIX y con ese punto de elegancia que surge cuando un creador ‒en este caso, uno de los grandes‒ evita los elementos prefabricados y deja fluir su talento con una perspectiva clásica.