Un paseo histórico por el Universo Star Wars demuestra que, más allá del encanto perpetuo de la saga, sus vaivenes creativos y comerciales han sido decisivos. La simpatía y el atractivo que posee el mundo de George Lucas han sido trasladados al tebeo de mil formas, enriqueciendo eso que llamamos universo expandido, y precisamente por ello, hace falta una brújula para manejarse por ese territorio inmenso.

Uno, a veces, vive cosas que nunca deberían acabar. A mí, por ejemplo, me agrada sentir la compañía de personajes que conocí en la niñez, y por eso nunca desdeño los reboots, los remakes y los universos expandidos. Sobre todo aquellos que me devuelven viejas compañías. Si además se trata de Star Wars, mis preferencias por la trilogía clásica me llevan a devorar cualquier producto que recupere su ambiente y que prolongue las hazañas de sus protagonistas.

Ahora que hemos aceptado como género la nostalgia ‒o al menos su aspecto más idealizado‒ a nadie le sorprenderá que Star Wars se prolongue en un saludable ejercicio de retrocontinuidad. En este sentido, Rogue One llega a las pantallas para hacer otra vez esa pregunta que, según parece, nos formulamos aquellos niños y adolescentes que vimos La Guerra de las Galaxias en 1977: ¿cómo consiguió la Alianza Rebelde los planos de la Estrella de la Muerte?

A la hora de redefinir el canon en el universo expandido de Star Wars, Chuck Wendig ha sido un creador decisivo. Su anterior novela, Consecuencias, fijaba unos cuantos parámetros a partir de los cuales irán tramándose las conexiones entre la ficción literaria, los cómics y las nuevas películas inspiradas en la fantasía espacial de George Lucas.

El nombre de Alan Dean Foster, como ahora veremos, figura en varias franquicias, y en todas ellas ha demostrado profesionalidad y buen criterio literarios. En este sentido, debo añadir que su mayor especialidad ‒la novelización de películas‒ nos ha proporcionado más de una alegría.

"Star Wars: Consecuencias", de Chuck Wendig

Ambientada tras El Retorno del Jedi, esta novela del universo expandido de Star Wars llega a las librerías en el momento oportuno en el que las carteleras cinematográficas celebran el estreno de Star Wars: El Despertar de la Fuerza.

Una historia galáctica

En la segunda mitad de los setenta del siglo pasado “descubrí” (qué petulancia, la mitad del mundo la había descubierto antes que yo y la siguiente mitad estaba descubriéndola) La Guerra de las Galaxias.

Sucede cada vez que llega a las pantallas un nuevo producto de la saga Star Wars. Y créanme, no importa si se trata de una teleserie, de un videojuego o de una superproducción cinematográfica ‒como es el caso de El Despertar de la Fuerza‒. Es casi un automatismo: en el momento en que un espectador descubre ese universo, se siente empujado a descubrir la historia y las múltiples derivaciones de esta mítica franquicia.

Decir que el estreno de El Despertar de la Fuerza es un evento sociológico es algo tan cierto como decir que esa misma notoriedad popular suele desactivar el interés de una crítica. Sobre todo si la reseña se centra demasiado en cuestiones como la nostalgia, el corte demográfico de los espectadores o las cifras de taquilla.

¿Es posible, a estas alturas, escribir algo nuevo sobre la saga Star Wars? Se suele hablar de George Lucas como el cineasta que reinventa la aventura espacial, pero yo lo veo más bien como el impulsor del Nuevo Hollywood. Lucas es el director indie que cambia de piel, y recupera el cine de aquellos viejos tiempos en los que sentarse frente a la pantalla equivalía a soñar.