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Coincidencias en el espacio exterior

En 1982, E.T., de Steven Spielberg se convirtió en la película más taquillera del año. El éxito se renovó en el circuito de los videoclubs. Para homenajear a su amigo y colega, George Lucas publicó un mensaje en la revista Variety donde el pequeño extraterrestre aparecía junto a los protagonistas de La Guerra de las Galaxias.

Lo que distingue a esta nueva entrega de Star Trek es un optimismo asumido sin ningún esfuerzo. En más de un sentido, la película es una aventura clásica, ambientada en un escenario galáctico que nos demuestra cómo los sueños de la humanidad pueden hacerse realidad.

El 27 de febrero de 2015 murió Leonard Nimoy, actor querido por nerds y fans de la ciencia ficción de varias generaciones (desde la anterior a la mía hasta las actuales) por su inolvidable y definitiva interpretación de Mr. Spock, el oficial científico de la nave interplanetaria Enterprise, en la serie televisiva de los años sesenta Viaje a las estrellas (Star Trek) y sus secuelas en cine y TV de las décadas siguientes, hasta el presente.

En la famosa teleserie Viaje a las estrellas (Star Trek), hoy convertida en serie de películas, había un aparato capaz de teletransportar personas de un lugar a otro en forma instantánea.

Cualquier aficionado a la serie de televisión Star Trek ha oído hablar del planeta Vulcano. Se trata por supuesto del planeta natal del Sr. Spock, el frío y calculador compañero de aventuras de la tripulación del Enterprise. Lo que poca gente sabe es que Vulcano es también el nombre de un supuesto planeta de nuestro sistema solar sobre cuya existencia se especuló con gran entusiasmo a finales del siglo XIX.

Hace cierto tiempo, pasé nuevamente por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Allí cumplí condena cinco años y, como todo criminal veterano, regresé al lugar del crimen. En esta ocasión, quería informarles a los actuales inquilinos de esa vieja prisión de cómo huir de ella sin necesidad de túneles ni helicópteros, preparados para soportar el frío del exterior.

Gene Roddenberry dijo una vez de Star Trek: “Casi todo esto surge de mi fe en que el futuro de la humanidad es brillante. Sólo estamos empezando. Nos esperan grandes maravillas. No veo cómo podría ser de otra manera”.

J.J. Abrams no renuncia al ejercicio de su magia sobre Star Trek: una saga que ya abarca once largometrajes y toda una sucesión de seriales televisivos. Después de darle una vuelta de tuerca a la franquicia en 2009, Abrams vuelve a aplicar la misma fórmula en Star Trek: En la oscuridad. ¿Y cuál es su receta? Muy sencillo: aislar lo que hay de salvable en la saga –el sentimiento de camaradería, el humor, el espíritu universalista, el poderío icónico de la nave Enterprise– y aplicarle un tratamiento narrativo mucho más cálido y también más épico, digno de Star Wars, su franquicia rival.



Era el amanecer de la tercera era de la humanidad, diez años despues de la guerra entre la tierra y el imperio Mimbari. El proyecto Babilonia era un sueño que habia cobrado forma.



Dice el productor Rick Berman: "Star Trek: Némesis es una historia que habla de que hay que aceptar los cambios. Es una historia de transición sobre una familia que hace muchos que conocemos y que empieza a disgregarse cuando alguno de sus miembros toma un camino distinto".