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Elogio de Slavoj Zizek

Un amigo periodista me contó –respondo de su veracidad, no sabiendo si él haría lo mismo – que en una conferencia madrileña de Zizek, un muchacho de Albacete que esperaba incorporarse a la vecina cola de quienes esperaban ser examinados en un casting, se equivocó de fila y se metió en la cercana de los jóvenes que aguardaban por Zizek. Resultado: se pasó tres horas sentado en el suelo, sin entender ni palote de lo que el maestro farfullaba en un inglés perfectamente escolar y perdió el turno del casting y, con él, un brillante futuro en el espectáculo.