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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Mestizajes

El Inca Garcilaso, hijo de un noble extremeño y de una princesa inca, decía en sus Comentarios Reales de los Incas (1609):

Mujeres de Sevilla

Sevilla babilónica, mi Sevilla onírica, la Sevilla femenina a la que Lola Luna, la muy llorada Lola Luna, dedicó diez intensos años de investigación, rescatando no pocas figuras de mujeres trascendentales.

Cuando uno nace siendo hijo de Cristóbal Colón hay que decir que tiene medio camino hecho. Si tu casa es un trasiego de marinos, cosmógrafos y navegantes, hablando todo el día de derroteros y cartularios, lo más normal es que se te ocurra la respuesta al mayor enigma de la navegación moderna con casi tres siglos de antelación.

43.000 legajos.
85 millones de documentos.
8.000 mapas y dibujos.

La Sevilla de Felipe II

Era 1 de mayo, del año de 1570, cuando Felipe II entró, por primera y única vez en su vida, en Sevilla. Y no entró por la Puerta de La Macarena, como era tradición. El dueño del mundo había de entrar por una puerta que fuera símbolo de la pujanza mercantil de la ciudad, Caput mundi, Puerta de Indias, lugar de arribo de las flotas procedentes del Nuevo Mundo y del Lejano Oriente. Fue por ello que se eligió la Puerta de Goles, conocida desde entonces como Puerta Real.

Sevilla, puerta de Indias

(...) Pasear por el centro histórico de Sevilla es todo un acontecimiento. Y no sólo porque es una ciudad monumental de primera, que también, sino por las emociones que transmiten los lugares que fueron testigos de la Historia, ésa que se escribe con mayúsculas.
Andar por el patio de la Casa de la Moneda, sobre todo si ya ha anochecido y no te acompaña el jaleo mañanero de los transeúntes, te permite retroceder a aquellos gloriosos días del XVI, cuando éste era el centro neurálgico del Imperio Hispánico, el lugar donde se fundía el oro y la plata que, apenas a unos metros de allí, había sido desembarcado de las flotas procedentes del Nuevo Mundo.

Todo por la pasta...

Simón de Tovar era portugués. Portugués de Faro, aunque siempre se le hiciese sevillano. Siempre hasta 2006, cuando salió nuestro "Simón de Tovar (1528-1596): redes familiares, naturaleza americana y comercio de maravillas en la Sevilla del XVI", un artículo escrito en 2004 pero que, por aquello de que las cosas de palacio van despacio, no se publicó hasta dos años después.