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Desde que apareció en las pantallas, los lectores más puristas de CF han lamentado el día en que los cineastas oyeron hablar de agujeros negros. Y es que las cosas no son tan sencillas como pretenden hacernos creer en sus películas.

Los años centrales de la década de los sesenta supusieron una travesía del desierto para los aficionados a la ciencia ficción cinematográfica. Tras diez años de éxito, las adaptaciones de obras de Julio Verne y H.G. Wells que comenzaran con 20.000 Leguas de Viaje Submarino (1954) ya habían completado su recorrido y los estudios volvían a mostrarse reacios hacia un género que, en el fondo, seguían considerando propio de la serie B.

Inspirada en una novela de Pierre Boulle, El planeta de los simios (Planet of the Apes), dirigida por Franklin J. Schaffner y escrita por ese genio que fue Rod Serling, es una espectacular distopía. En ella se dibuja un futuro alternativo en el que los simios dominan la civilización y los hombres son acosados por su bestialidad.