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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Un escéptico se caracteriza porque no se cree casi nada de lo que le cuentan. Por ejemplo, un espectador escéptico es aquel que no se cree que lo que ve en un teatro o en una película sea real.

Arenas movedizas

La fiesta está podrida. El sábado noche es el momento en que los habitantes de este pueblo de Texas deciden dejarse sus buenas intenciones en casa y salir a la calle a arrasar con todo lo que encuentren. Mujeres que engañan a sus maridos; maridos que miran hacia otro lado (lado en el que, curiosamente, está el trasero de otra señora que no es la suya); ricos que mangonean a modo; hijos de ricos que, a pesar de todo, tienen su corazoncito; esposas de presidiarios que vivaquean entre el enamoramiento y la chapuza...

Edith Head, la reina de Hollywood

Edith Head. Un nombre mítico. Sus vestidos han creado estilo en el mundo del cine. Una película con la ropa de Head es un éxito seguro en lo que se refiere al look de las estrellas. Una garantía que perduró durante años.

Dos hombres y una partida de póker

Una cosa es ser un timador de poca monta, simpático y tal, y otra muy distinta un gángster que va asesinando gente y abusando de los pobres incautos. Esta diferencia fundamental es la que marca el punto de partida de El Golpe, la película de 1973 en la que la pareja Redford-Newman decide hacerle la competencia en química masculina a Walter Matthau y Jack Lemmon. Ya me diréis cuál de las dos os parece digna del cetro.

Dos hombres y un destino, la película de George Roy Hill con guión de William Goldman y protagonizada por Robert Redford y Paul Newman, es uno de los ejemplos más conocidos de las tramas de amistad: dos amigos que emprenden un viaje juntos.

Vale la pena, ¿no? Acompañar a un héroe genuino, quiero decir. Uno de esos que habitaban en el cine y en los tebeos antes de que el cinismo posmoderno y el psicoanálisis embistieran contra la cristalería de la épica tradicional.

Una aventura peligrosa siempre tiene su epicentro en la muerte. La gran batalla en que se mide el protagonista de un relato de estas características, más allá de su ánimo, de su moral o del vértigo al que se ve sometido, es la supervivencia. En este sentido, decía André Glucksmann que sobrevivir es mantener la suspensión entre dos abismos, el que impone un desenlace trágico y el que permite una salida al final del tunel.

"La conspiración" (2010)



Recuperando el aire combativo de Leones por corderos (Lions for Lambs, 2007), Robert Redford nos ofrece en su último trabajo como director una lección de historia con moraleja. Con guion de James D. Solomon y Gregory Bernstein, La conspiración (The Conspirator, 2010) se remite a uno de los acontecimientos más traumáticos de la historia norteamericana, el asesinato del presidente Lincoln, pero con intención de arrojar luz sobre lo que sucedió inmediatamente después.



Hay un cine que nos hace mejores como individuos. Es el cine que nos recuerda de dónde venimos, y que conmueve a ese público que aún no está de vuelta de todo, y que cree que el futuro no tiene por qué ser decepcionante siempre y cuando aprendamos las lecciones del pasado.

Crítica de "La conspiración"



Al comienzo del film, el presidente Abraham Lincoln (Gerald Bestrom) cae asesinado. Su muerte, tan impactante como la de Kennedy en nuestro tiempo, origina un proceso judicial de sorprendente actualidad.