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Hace ya años, Ridley Scott afirmó solemnemente que la ciencia–ficción estaba muerta. Pero bastante antes de que el cineasta contradijera sus palabras con sus actos y comenzara a preparar Prometheus, en 2004 comenzaron a circular rumores sobre su implicación como productor –junto a su hermano Tony–, en un proyecto televisivo de gran envergadura que ofrecería una nueva versión de una historia ya de sobra conocida por los aficionados del género: La amenaza de Andrómeda. Cuatro años después, dividida en dos entregas, los telespectadores pudimos asistir una vez más a la más clásica de las historias de virus alienígenas.

En estos tiempos que corren en los que el cine ya no es la variedad de ocio más popular, y pierde su trono ante las series e Internet, cualquier director que saque adelante una película por año merece cierto reconocimiento. Si además hablamos de grandes producciones, con la complejidad que eso suele implicar, el mérito es todavía más grande. Y si tenemos en cuenta que dicho director ya ha cumplido los 80 años, más allá de lo que nos puedan parecer sus obras, uno tiene que quitarse el sombrero ante Ridley Scott.

Por su verismo y lo documentado de su guión, Black Hawk derribado tiene algo de docudrama. Pero por encima de todo, es una excelente producción bélica, de un ritmo abrumador y rebosante de adrenalina.

"Blade Runner" (1982), de Ridley Scott

La década de los ochenta supuso la maduración definitiva de la ciencia ficción cinematográfica gracias a un puñado de realizadores con talento que supieron trascender la acartonada imagen del futuro que tan a menudo había lastrado el género en su vertiente visual. Para ello, contaron con el apoyo del éxito que obtuvo Star Wars (1977), éxito que demostró que la ciencia ficción podía ser rentable más allá de lo que jamás hubiera soñado nadie.

La saga Alien nos fascina, eso es indiscutible. Proporciona, en dosis parecidas, terror, aventuras espaciales y reflexión filosófica, y encima lo consigue con una estética inimitable. Sólo por eso ‒háganme caso‒ merece la pena dejarse llevar por el nuevo episodio de la franquicia, Alien: Covenant.

Alien: el octavo pasajero (1979) es un clásico indiscutible de la ciencia ficción, uno de los tres o cuatro films más copiados de toda la historia del género.

A comienzos de los años cincuenta del siglo XX, se produjeron varios films de ciencia-ficción que gozaron de la aceptación de un público muy amplio, como Destino la Luna, Ultimátum a la Tierra o Planeta Prohibido.

Shakespeare y los androides

En Blade Runner, el androide Roy, interpretado por Rutger Hauer, dice poco antes de morir:

¡Rescaten al marciano!

La magnífica cinta El marciano (The martian, del gran director Ridley Scott, desastrosamente traducida como Misión rescate para su exhibición en México) es, como expresé en Twitter en la fecha de su estreno, un hermoso himno al poder de la ciencia y la tecnología.

Hay cuatro cosas que me gusta encontrar en una aventura cinematográfica: optimismo, paisajes exóticos, emoción y rebeldía. Cualquier combinación de esos cuatro ingredientes equivale a una fiesta sorpresa en cuanto se enciende el proyector. Cuando, además, esa mezcla funciona a la primera, un entusiasmo indefinible se materializa de la nada. Como si, contra todo pronóstico, la vida se elevara a un plano más elevado.