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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

"La imagen de Juana en Tordesillas es valiosa por los claroscuros que en ella aparecen. Supone un diseño propio y un apartamiento decidido de la corte, del poder y del gobierno. Ha conseguido liberarse de la fuerte carga que para ella ha debido de ser el soportar el doble cuerpo del rey y de una mujer con ideas propias.

Hubo un tiempo en el que Castilla y Portugal dominaban el mundo conocido. Y digo Castilla, que no España, porque era este reino, y no cualquiera otro de los que constituían la amalgama hispánica, quien capitaneaba los descubrimientos y conquistas por todo el orbe.

La pequeña María sólo tenía seis meses cuando murió su padre, el rey Manuel I de Portugal, uno de los monarcas más poderosos de la Cristiandad, sino el más poderoso, siempre teniendo en cuenta que compartía Península y parentesco con su cuñado Carlos, recién elegido Emperador del Sacro Imperio Germánico.

Juana de Austria, tercer vástago del emperador Carlos I de España y V de Alemania y de su esposa, Isabel de Portugal, vino al mundo en Madrid el 24 de junio de 1535.

Isabel, la bella Isabel, la princesa más hermosa de su tiempo, dejó su Portugal natal para casar con su primo Carlos, señor de dos mundos, el viejo y el nuevo.

María era una mujer afortunada. Había nacido en una de las más poderosas familias de su tiempo. Y aunque eso significaba un matrimonio temprano y una juventud dedicada a engendrar y parir herederos para el rey con el que la habían casado, siendo una adolescente de quince años, María tuvo suerte.

La infanta y el tití

A Catalina Micaela no parecían gustarle los animales tanto como a su hermana Isabel, pero transigió en dejarse retratar con ese pequeño tití. Ese monito enano que había llegado desde Portugal, uno más de los muchos regalos que enviaba, cada poco, su tía Catalina.

Dicen las malas lenguas que Leonor nació en un retrete. Su madre Juana, pese a su avanzado estado de gestación, decidió que asistiría a aquella fiesta. Si estaba ella presente sería más difícil que su marido mariposease con unas y con otras.

Tiene cuarenta y cinco años y está casada con el monarca más rico de toda Europa. Vive en Lisboa, capital de su reino, el puerto al que llegan barcos cargados con las especias más codiciadas de Oriente, cuyo valor supera, con creces, el del propio oro. Es una mujer de carácter.

Juana quería hacerse monja. Pero sus padres, en especial su madre, ya tenían diseñado otro futuro para su hija. Porque Juana era hija de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, que trazaron al milímetro los matrimonios de sus vástagos, aunque no todo les salió como esperaban. De hecho, nada salió según sus planes...