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El discurso político del guionista francés Pierre Christin siempre me ha parecido algo desconcertante. Sin salir de la serie de álbumes que escribió en los sesenta y setenta, bajo el título genérico de Leyendas de Hoy, tenemos en sus primeras entregas, como El crucero de los olvidados o El navío de piedra un claro aroma anarco–izquierdista con toques folklóricos.

En general, el cómic de ciencia ficción ha puesto más énfasis en la aventura espacial o space opera que en otros aspectos temáticos del género. En ello ha tenido que ver, sobre todo, no tanto el talento de los autores como el público, mayoritariamente juvenil, al que iban destinadas sus obras. La renovación del cómic francés a finales de los años sesenta dio como resultado nuevas aproximaciones temáticas acordes con los tiempos, más complejas y adultas.

En 1975, la revolución del cómic adulto francés gestada en el 68 todavía mantiene su vigor. Junto a la continuidad de series clásicas (Asterix, Lucky Luke, Alix, Blueberry…), aparece la primera aventura de Corto Maltés, La Balada del Mar Salado, serializada en France-Soir, y se lanza una nueva publicación de cómics, Fluide Glacial.

Leyendas de Hoy fue un proyecto de colaboración entre el guionista Pierre Christin y Enki Bilal que se prolongó por espacio de cinco álbumes y cuya concepción original consistió en abordar bajo la forma de historietas fantástico–costumbristas problemas sociales y políticos contemporáneos.