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Los cinéfilos veteranos seguramente lo recuerdan. Ocurrió en diciembre de 1984. El público quería ir a ver una space opera al estilo Star Wars. "¿Dune? Suena divertido", se dijeron al comprar la entrada. Solo que, a los diez minutos de proyección, cayeron en la cuenta que no lo era. No era un espectáculo divertido, y lo que es peor, aquel largometraje resultaba incomprensible para el público medio, ajeno a las sutilezas y a la densidad filosófica de la novela en la que se basaba el film.

Aunque el capítulo final de Star Trek: La nueva generación ofrecía una excelente conclusión a la serie, no fue el final definitivo de la historia. Seis meses después, Star Trek: Generaciones (1994), la séptima película de la franquicia pero la primera en estar protagonizada por el reparto de LNG, llevó a la tripulación de la Enterprise a continuar sus aventuras en la gran pantalla.

Al comenzar su séptima temporada, Star Trek: La nueva generación estaba en boca de todos, incluso la de la Academy of Television, Arts And Sciences, que por fin se dignó reconocer la valía del programa nominándolo a Mejor Serie Dramática (perdió ante Picket Fences). El interés del público estaba en su mejor momento y no decayó en absoluto cuando Paramount anunció que esa séptima sería su última temporada y que en noviembre de 1994 se estrenaría la primera película: Generaciones.

Durante la sexta temporada de Star Trek: La nueva generación, llegó también el momento del lanzamiento del esperado spin-off: Star Trek: Espacio Profundo Nueve, que se estrenó en enero de 1993.

Hacia el final de la cuarta temporada, Star Trek: La nueva generación ya era todo un éxito. Las cifras de audiencia no hacían más que crecer, rompiendo nuevos récords. Aunque no era una serie emitida por una cadena puntera sino que su sindicación hacía que los episodios los ofrecieran una multiplicidad de emisoras en diferentes días de la semana, LNG se había convertido en una de las joyas de la televisión.

Si la tercera temporada de Star Trek: La nueva generación había supuesto un periodo de transición para la serie, la cuarta fue cuando ésta empezó de verdad a cosechar los beneficios de todo el esfuerzo y dedicación que se había invertido en ella. En octubre de 1990 se emitió su octogésimo episodio, demostrando no sólo que LNG era mejor que su predecesora, sino que iba a superarla en longevidad (la serie original se canceló en 1969 tras setenta y nueve episodios). El negocio de licencias, antes limitado a las películas estrenadas en cine, empezó a tomar fuerza. La audiencia seguía creciendo y llegó a ganar incluso dos premios Emmy en apartados técnicos.

En septiembre de 1989 se estrenó la tercera temporada de Star Trek: La nueva generación, y con ella llegaron más cambios, como nuevos trajes para la tripulación –para alivio de los actores‒ o el regreso de Gates McFadden como la doctora Beverly Crusher, justificando su ausencia como un año de servicio en el centro médico de la Flota. Su retorno se lo debió la actriz al cariño que le habían tomado los fans y que expresaron vehementemente mediante una campaña de cartas al programa. Pero el cambio más importante tuvo lugar tras las bambalinas, en el departamento de los guionistas en Paramount.

La segunda temporada de Star Trek: La nueva generación, con inicio en noviembre de 1988, vino acompañada de bastantes cambios, algunos visibles y otros no tanto. Se presentaron nuevos sets como el bar de abordo Ten-Forward, y varios personajes experimentaron modificaciones en su vestuario o peinado: Deanna Troi recibió un traje más adecuado a su figura, Riker se dejó barba y Wesley Crusher vistió el uniforme de alférez. La Forge y Worf cambiaron el color de sus respectivos uniformes de acuerdo a sus nuevos nombramientos, Ingeniero Jefe y Jefe de Seguridad respectivamente.

Por fin, el 28 de septiembre de 1987, se estrenaba el capítulo piloto de Star Trek: La nueva generación, “Encuentro en Farpoint”, una aventura en dos entregas emitidas consecutivamente el mismo día.

La ciencia ficción en la pequeña pantalla experimentó una enorme transformación en los años ochenta. A medida que la industria evolucionaba para afrontar los nuevos desafíos planteados por el cine para adolescentes y los juegos de ordenador interactivos, el género se encontró en la vanguardia de la lucha de las cadenas para intentar fidelizar amplios segmentos de la audiencia.