Es tuya, nena, es tuya

Dos retratos de Dora Maar, pintados por Picasso, fueron las estrellas de la subasta de arte celebrada el 10 de mayo de 2000 en la neoyorkina sala de Sotheby's. "Buste de femme à la frange" partía con un precio inicial de dos millones de dólares.

"Soy la única mujer que dejó a Picasso, la única que no se sacrificó al monstruo sagrado. Soy la única que aún está viva para contarlo. Después de todo, mire lo que les ocurrió a las otras. Tanto Marie-Thérèse como Jacqueline se suicidaron (la primera se ahorcó; la segunda se pegó un tiro). Olga se volvió histérica y casi loca. Dora Maar enloqueció."

Arte y ciencia

En el año de 1587, el gran Galileo Ga­li­lei pro­nun­ció una di­ser­ta­ción en Flo­ren­cia en la que hi­zo ase­ve­ra­cio­nes co­mo la si­guien­te: “En lo con­cer­nien­te a la con­fi­gu­ra­ción del in­fier­no, po­de­mos de­cir que és­te tie­ne la for­ma de un co­no”. ¿A qué vie­ne se­me­jan­te afir­ma­ción? ¿De qué tra­ta to­do es­to? Ocu­rre que en esa po­nen­cia, Galileo ha­ce re­fe­ren­cia a una de las obras más fa­mo­sas de la his­to­ria de la cul­tu­ra y de las le­tras, y la so­me­te a un aná­li­sis cien­tí­fi­co.

Henry Moseley y el realismo extremo

La coincidencia temporal entre Moseley y otros grandes artistas de principios del siglo XX no es casual, porque lo que hace Moseley con su Espectro de Alta Frecuencia es dar un gran paso adelante en relación con Mendeléyev, un paso tan significativo como el que diera su colega Georges Braque respecto a Paul Cézanne cuando comenzó copiando sus paisajes de L’Estaque y acabó desembocando en el cubismo, tras dejar también en el camino el fauvismo al que se había adherido en 1908.

Gracias a un aviso de Manuel J. Prieto supe en agosto de 2014 que el Museo Metropolitano de Nueva York acababa de considerar auténtico un retrato de Felipe IV atribuido a Velázquez. Hasta ese momento, los expertos del museo creían que era falso. El error se debía a que el cuadro fue restaurado tantas veces que casi se habían perdido las pinceladas de Velázquez bajo capas y capas de reparaciones.

Hombre de blanco, mujer de azul

Al entrar en la gran sala azul y blanca pienso cuán distinta es la realidad de lo que aparece en los libros. Aquí están los cuadros con toda su presencia, con todas sus imperfecciones y sus secretos; los libros, en cambio, muestran una imagen apagada, ocultando la fuerza que el pintor les puso y que viene hacia nosotros cuando nos acercamos a ellos. Por eso solo abriré las páginas del recién comprado catálogo cuando pasen unos días y el frescor de la pintura se apague en mi retina.

Picasso y los indiscernibles

Picasso acarició la idea de realizar esta obra durante mucho tiempo. Probablemente desde que en 1901 cayó en sus manos La Logique de Leibniz, de Louis Couturat, en la que el pensador francés expone la célebre teoría de los indiscernibles de Leibniz.

La izquierda que no quiso ver

En los tiempos del bloque soviético, cuando una decena de países estaban bajo el férreo control de Rusia y en ellos existían regímenes totalitarios que prohibían todo aquello por lo que la izquierda siempre había luchado, en aquellos tiempos, las víctimas de esas dictaduras se encontraban con una terrible paradoja cuando llegaban al llamado mundo libre.

Organizada por el Musée d’Art moderne de la Ville de Paris, Paris-Musées y el Museo Guggenheim Bilbao, L’Art en guerre. Francia, 1938–1947: de Picasso a Dubuffet muestra, desde el 16 de marzo hasta el 8 de septiembre de 2013, cómo, ante el amenazador contexto de opresión vivido en Francia durante la II Guerra Mundial y la Ocupación nazi, los artistas de la época se rebelaron frente a las consignas oficiales mediante novedosas respuestas estéticas que modificaron el contenido del arte.

 
En los estudios de La Victorine en Niza, bajo el calor de los proyectores añadido al del verano, Picasso pinta. Utiliza tintas de colores que atraviesan el papel tenso entre la cámara y él. El trazo es vivo y su trayectoria nos sorprende.