"Stardust", de Neil Gaiman y Charles Vess

Seguramente muchos serán capaces de recordar el modo en que Neil Gaiman se transformó en un autor de culto. Tendrán presente la primera vez que lo leyeron, como una revelación que traía densidad intelectual y magia al cómic superheroico. Y luego, su irrupción en el universo literario, con novelas como Stardust (1999), a medio camino entre el cuento de hadas victoriano y las elegantes fantasías de Lord Dunsany.

"Orquídea Negra", de Neil Gaiman y Dave McKean

Cuando salió a la venta la primera edición de Orquídea Negra (diciembre de 1988 - febrero de 1989), Neil Gaiman disponía de un cierto caudal de prestigio, pero aún no era el novelista y guionista de culto que es hoy: un narrador que llena auditorios cada vez que da una conferencia y que ha convertido su apellido en el sinónimo de un estilo.

En el estilo de Michael Zulli predomina la ambición pictórica, como si su trazo, a veces fugitivo, a veces febril y penetrante, estuviera pensado para la sala de exposiciones y no para rellenar esas viñetas que más de un crítico ‒ay‒ termina por valorar menos de lo que merecen.

"Material sensible", de Neil Gaiman

Admirar a Gaiman se parece bastante a ignorar la barrera entre alta cultura y cultura pop. Les hablo de un sentimiento que fluye desde la admiración a sus cómics, sus novelas y relatos, escritos en un permanente diálogo entre el clasicismo y la posmodernidad.

"Neverwhere", de Neil Gaiman

Cuando al lector lo invaden los misterios y los hechizos de Neil Gaiman, no duda de que existe una realidad paralela, tan poderosa como el País de las Maravillas de Carroll y tan inquietante como las pesadillas de Lovecraft. Por lo demás, ese universo alternativo no cae casi nunca en el pastiche, sino que prospera con vigor y originalidad.

Sandman: Muerte

Muerte ‒el personaje, no ese telón final que a todos nos aguarda‒ quizá sea una de las figuras que mejor resume los méritos narrativos de Neil Gaiman. Para darle forma, el guionista toma diversos elementos de la tradición mitológica y religiosa, que luego encaja con ingredientes de la cultura pop, logrando así una mezcla tan sofisticada como familiar.

Amanda es neoyorquina. Amanda toca el piano y el ukelele, y expresa su arte a través del rock, el punk el cabaret. Amanda está casada con el escritor y guionista Neil Gaiman. Estos tres antecedentes, cada uno en su justa medida, explican la fuerza interior de este libro: un texto inclasificable, a medio camino entre las memorias, la confesión y el manual de consejos para artistas del siglo XXI.

Sandman: Los Cazadores de Sueños

El juego estético de P. Craig Russell se compone de dos jugadas invencibles: el clasicismo y la elegancia. Seguramente por ello su trabajo está ligado, con mucha frecuencia, a proyectos con un claro trasfondo cultural (o quizá debería decir culturalista, dado que este dibujante admira la ópera y la literatura clásica).

Miracleman: El sueño de volar

Con la publicación por parte de Panini Cómics de Miracleman: el sueño de volar en nuestro país, se pone fin a un hiato de más de veinte años, desde que en 1991 Fórum publicase en el número once de la colección homónima la última aparición del personaje.

Sandman núm. 10: El velatorio

Todos los grandes relatos llegan a un desenlace en el que se resuelve no sólo la trama, sino la expectativa que cada lector –usted o yo– ha depositado en esa historia. En el caso de Sandman, Neil Gaiman es consciente de que la citada expectativa adquiere distintos niveles, dependiendo de las exigencias culturales y estéticas de cada uno de nosotros.