El retorno de Napoleón

Cuanto más se difunde una palabra, menos precisos son sus contornos. Es lo que está ocurriendo con el populismo. Tras esta denominación hay un poco de todo: tradicionalistas reaccionarios, revolucionarios asambleístas, entusiastas del racismo, a veces meros demagogos de clase alta disfrazados de macarras, acaso evocando a las reinas vestidas de pastoras y las duquesas vestidas de majas (desnudas no importa que sean una cosa o la otra, desde luego).

Patria

La historia del mundo está llena de grandes hombres –y ocasionalmente alguna gran mujer— cuya grandeza ha consistido en haber asesinado a miles de sus congéneres. Como bien dijo Fontenelle, acerca del cristianísimo emperador Constantino: “No pudiendo aumentar el número de los cristianos, decidió disminuir el de los seres humanos”.

Terenci y la botánica

"Has reunido alrededor de tí las más raras plantas que crecen en suelo francés... al tiempo que las inspeccionamos en los bellos jardines de Malmaison, un impresionante recuerdo de las conquistas de tu ilustre marido..."

Cuando León Tolstoi afrontó la escritura de Guerra y Paz, una de sus referencias fue este libro apasionante, publicado en París, en 1824. Compuesto con gran vigor literario, emociones a flor de piel y el rigor que proporciona haber sido testigo de los hechos, La campaña de Rusia inmortalizó el nombre de Philippe-Paul de Ségur (1780-1873) y lo convirtió en una fuente inevitable para cualquier estudio napoleónico posterior.

Autor de una obra inmensa en el campo de la historiografía militar, David Geoffrey Chandler (1934 – 2004) completa en este magnífico volumen el recuento definitivo de las campañas napoleónicas. Narrado con un brío extraordinario y con un consumado rigor, el libro de Chandler es uno de esos títulos imprescindibles para aquellos que deseen conocer a fondo la figura del emperador.

¿Existió Napoleón Bonaparte?

Napoleón estaba tan loco que creía ser Napoleón. En su novela La isla de los jacintos cortados, Gonzalo Torrente Ballester nos explicó que Bonaparte no había existido; en La muerte de Napoleón –llevada al cine en 2001 por Alan Taylor–, Simon Leys fabula acerca de las andanzas del depuesto emperador, fugado de Santa Elena, y a quien todos toman por loco.

A veces, el intercambio epistolar entre dos amantes carece de esa fluida equivalencia de sentimientos que distingue a los romances más duraderos. Este es el caso de Napoleón Bonaparte y Josefina de Beauharnais. Aunque la cultura popular se empeña en equiparar los sentimientos que ambos se profesaron, lo cierto es que, a la hora de examinar su correspondencia, solo disponemos de cinco cartas firmadas por Josefina, frente a las 265 de Bonaparte que el tiempo ha tenido a bien preservar.

Arthur Conan Doyle traducido por Manuel Machado. Ahí es nada. Esta es una de esas oportunidades en las que dos maestros de la literatura colaboran –uno con su creación original y el otro interpretándola desde otra lengua– en la consecución de una pieza admirable.

Pensamiento Nacional

El gobierno argentino ha creado una secretaría de Estado llamada Coordinación Estratégica del Pensamiento Nacional. La iniciativa no deja de ser, al menos, curiosa. Ligar el pensamiento con la estrategia, que es una categoría bélica, evoca, sin duda, al fundador del peronismo, un militar. Por otra parte, referirse a un pensamiento nacional produce perplejidad.

Uno de los criterios más elementales que utilizo para distinguir –sin que ello implique jerarquía intelectual alguna– unos personajes de otros consiste en ver cuál fue su punto de contacto con el espíritu de su tiempo. En este sentido, la biografía de Dominique Vivant Denon (1747-1825) viene a ser un collage en el que se resume la época que le tocó en suerte vivir.