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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Pirandello y Cervantes

En la introducción a la primera parte del Quijote, Cervantes señala que el libro «...se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y todo triste ruido hace su habitación.»

En abril libros mil, podríamos decir cambiando algo el refrán; o mejor: los mil y un libros. Ese uno final equivale a los días que se le suman a ciertas condenas: no son días, son la posibilidad infinita. Pero la condena de los libros es una liberación: la entrada es salida.

Biógrafos de Cervantes

Jean Canavaggio es, quizá, el único biógrafo moderno de Cervantes. Y no le han faltado al escritor narradores, encabezados, en España, por Ignacio de Luzán. Sólo a fines de la Ilustración, algunos críticos lo tomaron en serio y abrieron una línea biográfica que, partiendo de Mayáns, Pellicer y Vicente del Río, llegaría, con cierta parsimonia, hasta Fernández de Navarrete.

¿Quién eres, Cervantes?

Uno de los más fascinantes enigmas de la cultura occidental consiste en observar la escasez de datos biográficos que se conservan de tres protagonistas literarios como lo son Dante, Shakespeare y Cervantes.

El autor del Quijote

No contamos con un retrato fiable de Cervantes. Pienso, enseguida, en un personaje coetáneo, un protagonista del barroco español: Diego Velázquez, el pintor que nunca se dejó retratar.

Los sesos derretidos

Cuenta la historia que cuando Don Quijote daba voces a Sancho que le trujese el yelmo, estaba él comprando unos requesones que los pastores le vendían y, acosado de la mucha priesa de su amo, no supo qué hacer dellos, ni en qué traerlos, y por no perderlos, que ya los tenía pagados, acordó de echarlos en la celada de su señor, y con este buen recado volvió a ver lo que le quería; el cual, en llegando, le dijo:

"... esas andanzas medió enigmáticas de Cervantes, esas huidas imprevistas, tantas vaguedades, zozobras, cautiverios, vienen a trazar como la síntesis biográfica de un perdedor, de un hombre de azarosos lances, casi de un aventurero que, como don Quijote, fue acumulando decepciones, fracasos, desdenes. Pero nunca, sin embargo, renunció a ir macerando en la memoria su más universal empeño creador: el que hizo de la libertad un fecundo condimento literario..."

"Es un bálsamo de quien tengo la receta en la memoria, con el cual no hay que tener temor a la muerte, ni hay que pensar morir de ferida alguna. Y ansí, cuando yo le haga y te le dé, no tienes más que hacer sino que, cuando vieres que en alguna batalla me han partido por medio del cuerpo (como muchas veces suele acontecer), bonitamente la parte del cuerpo que hubiere caído en el suelo, y con mucha sutileza, antes que la sangre se yele, la pondrás sobre la otra mitad que quedare en la silla, advirtiendo de encajallo igualmente y al justo. Luego me darás a beber solos dos tragos del bálsamo que he dicho, y verásme quedar más sano que una manzana"

Pese a tratarse de un ensayo histórico, este espléndido libro de Robert Goodwin no apela sólo al intelecto, sino también a las emociones. En Goodwin descubrirá el lector español un espíritu muy de su agrado: un hispanófilo británico, profundo conocedor del concepto de la vida que asoma desde el fondo de nuestro Siglo de Oro.

En Cardenio, la obra perdida de Shakespeare he hablado del Cardenio un libro que tendría la virtud de unir a Cervantes y Shakespeare de una manera más estrecha que la casualidad, quizá falsa, que asegura que ambos murieron el mismo día del mismo año.