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"Al final de la mañana", de Michael Frayn

Frayn vuelve a ser traducido a nuestro idioma. Lo que parece una cuestión anecdótica, sólo relevante para los especialistas en literatura inglesa, responde, en realidad, a un golpe de suerte. Porque, a estas alturas, sólo la fortuna explica que volvamos a disfrutar ‒en una impecable versión de Olalla García‒ de uno de los escritores más notables del panorama británico.

La vida tiene curiosas contradicciones. Los comunicadores de la ciencia buscamos las mejores maneras de llevar a cabo nuestra labor: poner el conocimiento y la cultura científica al alcance del público. Al mismo tiempo, en los mismos medios de comunicación en los que desempeñamos esa tarea, proliferan seudociencias y charlatanerías que abusan de la credibilidad del público para despojarlo de su dinero (y muchas veces de su salud). Basta hojear cualquier diario para encontrar, junto a la sección de ciencia –si es que existe–, una página dedicada a los horóscopos. Pero ¿qué tanto derecho tenemos los comunicadores de la ciencia a descalificar a otras formas de conocimiento distintas de la ciencia? Depende de dos cosas: de cómo se presenten y de qué digan.