Trestesauros500

Alguien podría pensar que esta historia ha quedado desfasada. Pero no. Aunque la estética de la película nos resulta ahora propia de los setenta, y aunque los actores aparecen tan jóvenes que apreciamos cuánto ha pasado el tiempo, ni el tema ni el fondo de la historia son cosa pasada. Al contrario. Siguen muy presentes en esta y en otras miles de formas.

Siempre se siente un cierto temor a la hora de hablar sobre una buena película de Spielberg, porque hay pocas cosas mejores que una buena película de Spielberg, director de tantas obras imprescindibles de la historia del cine.

El exitoso musical de Broadway llega finalmente a cine bajo el auspicio de Disney, una compañía dispuesta a apropiarse para su catálogo de todos los cuentos infantiles populares de la tradición universal.



Margaret Thatcher fue la primera mujer elegida Jefe de Estado en el Reino Unido. También fue el mandatario británico que más tiempo ocupó el cargo durante el siglo XX. Esta película, protagonizada por una excepcional Meryl Steep, rinde tributo a este personaje único, clave en la historia reciente de Inglaterra.



El diablo viste de Prada está basada en el bestseller homónimo de Lauren Weisberger, que estuvo durante seis meses en la lista de éxitos de The New York Times y que se ha traducido a 27 idiomas.



En 1999, mientras el guionista Charlie Kaufman veía cómo su guión Cómo ser John Makovich era llevado a la pantalla por Spike Jonze, el director Jonathan Demme y el productor Ed Saxon le encargaban adaptar El ladrón de orquídeas, un libro de gran éxito basado en la vida real y escrito por la escritora del New Yorker Susan Orlean.



La historia de Mamma Mía! empezó en los años 80, cuando la productora Judy Craymer trabajaba con Benny Andersson y Björn Ulvaeus en calidad de productora ejecutiva de Chess, su primer proyecto después de la disolución de ABBA.



Robert Redford siempre se ha sentido atraído por argumentos emotivos acerca del auténtico tejido de la vida norteamericana; historias de gente corriente comprometida y afectada por las grandes cuestiones a que se enfrenta su juvenil y democrática nación.



Cuando Scott Rudin compró los derechos para la pantalla de la novela de Michael Cunningham, muchos se preguntaron cuáles serían las dificultades que deberían afrontarse para adaptar una pieza literaria no lineal y tan llena de matices.



Desde los primeros momentos de La duda (Doubt) de John Patrick Shanley hasta su impactante conclusión, la incertidumbre se apodera de todo, arrastrando al público hacia un inquietante misterio en el que dos monjas, un sacerdote y la madre de un niño, y también los espectadores, se ven obligados a enfrentarse a sus creencias más profundas mientras luchan con la sentencia y el veredicto, la convicción y la duda.