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"Contacto" (1997), de Robert Zemeckis

Contacto es una auténtica curiosidad en los anales no sólo de la ciencia ficción sino de las películas en general: un éxito de taquilla de 100 millones de dólares repleto de efectos especiales y grandes estrellas que, además, es científicamente riguroso. Igualmente sorprendente e inusual es que, mientras que el argumento de Contacto hace un uso correcto de la ciencia, en el fondo es una historia sobre la fe y una de las pocas películas para todos los públicos en las últimas tres décadas que aborda de manera explícita los desafíos de la religión en el mundo moderno

No sé qué ha sido más meticuloso en esta película de Gary Ross, si la dirección artística o el proceso de documentación. En todo caso, ambos factores son imprescindibles en este drama histórico, basado en uno de los acontecimientos más singulares en la historia de Misisipi.

Buena parte de la ciencia en que se basa la película Interstellar de Christopher Nolan está más allá de los actuales límites de la comprensión humana, escribe Kip Thorne en el prólogo a su libro The Science of Interstellar. Es por ello que se puede vestir de galas místicas y lucir un toque de trascendencia. Pero, para llegar tan lejos, será necesario ir pasito a paso.

Lo mejor de la nueva película de Christopher Nolan no es lo que está ocurriendo en su relato sino las imágenes que nos deja en la retina. Ahí es donde encuentra sentido esta superproducción de tesis, poco confortable para quienes disfrutaron con Guardianes de la Galaxia y esperan aquí otro divertido viaje más allá de la vía láctea.

Mud: infancia sin héroes

Una isla solitaria de Mississippi. Un hombre que huye de su pasado, y dos adolescentes implicados en un torbellino de soledad y desolación. Hablamos de Mud (2012), film dirigido por Jeff Nichols y protagonizado por un brillante Matthew McConaughey –premiado, este año, con el Oscar al mejor actor por Dallas Buyers Club–, ReeseWitherspoon –ganadora del Oscar por su interpretación de June Carter en En la cuerda floja– y Sam Shepard (quien volvió a sorprendernos, recientemente, con su magnífica interpretación en Agosto).

Es la serie de la que habla todo el mundo. Con sólo un capítulo emitido, ya era el acontecimiento del año y corría de boca en boca que era una obra maestra. Un clásico recién nacido. La releche, vamos.

No sé si recuerdan ustedes aquel poema de José Agustín Goytisolo, Érase una vez un pirata honrado, en el que los personajes de nuestra imaginación infantil eran descritos con rasgos contrarios a lo esperado. Pues bien, al ver esta excelente película de Jean-Marc Vallée no he podido evitar acordarme de esos versos. Y ello se debe a que el protagonista, encarnado magistralmente por Matthew McConaughey, tiene al principio todas las papeletas para resultar detestable: es un ejemplo terminal de basura blanca, machista hasta la médula, cocainómano, pendenciero y capaz de dar puñaladas traperas cuando llega la oportunidad (y tan amigos).

Ya le tienen ahí, con cara, ojos y ademanes. Ya podemos corporeizar, aunque sea en los rasgos de un actor gigantesco, quizá ya el mejor de su generación, a las sombras anónimas desprovistas de moral que han arruinado a millones de pequeños ahorradores con productos financieros subprime, llámense preferentes o como demonios quieran llamarles, con cuentas en Suiza para eludir el control del fisco.

La nueva película de Martin Scorsese nos habla de una era –finales de los ochenta, comienzos de los noventa– en que el darwinismo de Wall Street generó una especie humana, la de los brokers y los traders dispuestos a ir un paso más allá. Estos tiburones, a diferencia de sus compañeros de profesión, habían descubierto una nueva fe, digna de cualquier inmoralidad y de cualquier engaño. Me refiero, por supuesto, al amor irrefrenable por la riqueza.



Un hombre de mediana edad decide cambiar su vida. Los planes de un joven abogado provocan el caos a consecuencia de un solo acto. Una mujer se enfrenta a la infidelidad de su marido. Un envidioso hombre de negocios busca venganza en un alegre compañero de trabajo. Y una joven y optimista mujer de la limpieza espera un milagro. Simplemente las idas y venidas del día a día en Nueva York: caótico, aislado, difuso.