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De los romanos creemos saber mucho. ¿Quién no tiene en la cabeza una panorámica que abarca desde la fundación de Roma por una versión latina de Caín y Abel hasta su decadencia entre despilfarros extravagantes y crímenes abominables, sin olvidar el magnicidio de Julio César?

Aunque en los años más recientes amar la cultura grecolatina se considera un síntoma de elitismo, conviene rechazar ese prejuicio. Tengámoslo claro: con el estudio de los clásicos sobrevienen la sorpresa y la iluminación, el placer y el encantamiento. Así lo creían nuestros antepasados y así hemos de creerlo en esta época de píxeles, memes y modas pasajeras.