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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Las ¿tres? sonatas de don Camilo

De las sonatas para violín y piano de Saint-Saëns, la primera ha resultado ser la más afortunada. En parte, por sus méritos propios, en parte por sus momentos de virtuosismo (eran los años de Sarasate y Brindis de Sala) y, en un tercio, por la tardía sugestión literaria de Proust, en cuya novela En busca del tiempo perdido el músico Vinteuil, que se parece algo a Duparc, compone una sonata que sirve para que Swann se enamore de Odette y esa sonata, en ocasiones, se dice que es la primera de Saint-Saëns.

Otras ventanas indiscretas

En McLuhan y Shakespeare en un balcón de Verona recordé aquel pasaje de Romeo y Julieta en en el que la ventana de Julieta parece decirle algo a Romeo, aquella ventana o aquella luz “que habla sin decir nada”. No es la única ventana parlanchina de la literatura. Nabokov recuerda en su Curso de literatura europea la ventana de Odette en Proust.

Proust y la droga sonora

El 14 de enero de 1895 Marcel Proust publicó en el periódico Le Gaulois un artículo titulado «Un domingo en el Conservatorio».

Los escritores y la guerra

Con el centenario de la guerra mundial proliferaron los libros y artículos sobre diversos temas, especialmente los colaterales. Uno de ellos fue el de los escritores y el conflicto. Frondosa fue la literatura generada por el hecho, fuera en obras donde se señalaban sus atrocidades –Barbusse, Martin Du Gard, Remarque– o donde se ensalzaban las virtudes de los combatientes y la grandeza de la patria vencedora o derrotada, en este caso, toda la Frontlitteratur alemana. Reflexiones a pie de las batallas tampoco faltaron, según vemos en los diarios de Stefan Zweig y en Consideraciones de un apolítico de Thomas Mann, una elegía indirecta por la Alemania guillermina.

"El abrigo de Proust", de Lorenza Foschini

Busquen un sitio tranquilo para leer y acomódense. Este es un libro ingenioso y perspicaz, en el que uno ha de penetrar con alma proustiana, confiando en el poder evocador de los objetos y en la imaginación literaria que nos liga para siempre a ellos.

Julio Verne anticipó los viajes espaciales en De la Tierra a la Luna, y los transatlánticos en La ciudad flotante. También hay quienes sugieren que Borges prefiguró la existencia de internet con La Biblioteca de Babel, aunque esto sea discutible. No son pocos los casos en los que escritores no científicos adelantan con precisa verosimilitud el futuro. Y sin practicar un solo experimento. No, al menos, fuera de sus cabezas.

Proust contra Sainte-Beuve

Una de las grandes construcciones literarias del siglo XX, En busca del tiempo perdido, nace de una embestida de Proust contra Sainte-Beuve que acaba siendo una afirmación oblicua de Sainte-Beuve.

"Mis venenos", de Sainte-Beuve

Con 200 años cumplidos, Charles-Augustin Sainte-Beuve merece un rescate. Quizá se lo haya inhumado demasiado pronto, sin tener en cuenta que en el mundo de las letras, que es el mundo de la lectura, no hay muerto incapaz de resucitar ni inmortal que no esté en peligro de muerte.

Toda lectura es, al menos como proyecto, infinita. En el caso de Proust, si se permite la licencia, aún más infinita. La producción crítica generada por Proust es incesante y cada año aporta sus títulos.

Marcel Proust y el arte

Proust prefería, en su adolescencia, a Meissonier y, en 1892, declaró que lo sustituía por Leonardo y Rembrandt. Un humanista enciclopédico y un pintor del tiempo, capaz de retratarle a un mismo modelo a lo largo de los años, mostrando que era siempre otro.