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He querido combinar en el título de este artículo el concepto de sociedad abierta de Karl Popper, con la figura de otro filósofo, Bertrand Russell. De este modo, aparecen juntos, por un lado, uno de los filósofos más importantes del llamado pensamiento conservador o de derechas (Popper), y por el otro, el filósofo quizá más importante del siglo XX en el terreno progresista o de izquierdas (Russell).

Wittgenstein y Huizinga me sirven en este fragmento de la presentación de Nada es lo que es para explicar por qué recurro a las definiciones a pesar de no creer mucho en ellas…

El caso Wittgenstein

Una reciente lectura, la de un libro del investigador chileno afincado desde hace décadas en España, Mario Boero Vargas (Vida, pensamiento y mística de Ludwig Wittgenstein, Arcos, Madrid, 2015) me ha permitido retornar a esa figura singularísima de filósofo que fue el intelectual austriaco.

Wittgenstein, Neurath y los memes

Tanto el intento de Neurath con sus protocolos, como el de Wittgenstein con sus proposiciones atómicas, se asemejan a la teoría de los memes no sólo en su ambición de convertir en definida una cosas tan ambigua como puede ser una idea, sino también en el tono de su discurso y en su ambición reduccionista.

Si aceptamos la teoría de Wittgenstein de que no puede existir un lenguaje privado, entonces el Dios de cristianos, judíos y musulmanes no es un dios creador, sino un demiurgo, que crea el mundo a partir de algo que existe previamente, puesto que en el Génesis (aceptado por las tres religiones del Libro), Dios emplea el lenguaje para crear el mundo:

Como señaló Bertrand Russell en el prólogo a la traducción inglesa de 1922, reproducido en esta edición, el Tractatus logico-philosophicus «merece por su intento, objeto y profundidad, que se le considere un acontecimiento de suma importancia en el mundo filosófico».