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En torno a la leyenda negra

Hace un cuarto de siglo que me encontré con el primer dato que contradecía todo lo que había leído en los libros de Historia. Pensé que era un error. Así me lo hicieron ver quienes entonces dirigían mis primeros pasos como historiadora.

El célebre Sacco di Roma (1527), la semana negra de mayo en la que Roma se transformó en un sindiós de horror, suele ser descrita como el acto de fuerza con el que Carlos I de España y V de Alemania demostró al Papa de Roma quién era el verdadero amo.

Veamos... cuando Isabel I de Inglaterra fue coronada reina, organizó una comisión de tres expertos encargados de copiar el modelo imperial español. [Digresión: Un modelo que no os gustará, que os parecerá lo peor de lo peor, pero que fue, con diferencia, el mejor de los posibles modelos "coloniales". Y entrecomillo "colonial" (utilizando un término fácilmente identificable) porque España, aunque sería más correcto decir Castilla, NO tuvo nunca colonias, sino virreinatos. Es decir, América y Filipinas formaban parte de la corona hispánica, los habitantes de todas aquellas tierras eran tan castellanos como un burgalés o uno de Cuenca, para que nos entendamos.]

Isabel y América

Pues os voy a contar una cosa sevillana, que hace mucho que no os hablo de Sevilla, y la nostalgia me tiene sobrepasada...

“Dos generaciones de españoles, al menos, van a trabajar más y a ganar menos que otros europeos para pagar un sobrecoste de financiación cuyas causas carecen de explicación racional, fuera de los prejuicios protestantes y de la propaganda financiera bien urdida a partir del anticatolicismo y la hispanofobia. Y puesto que nuestros hijos y nietos van a cargar con estos sobrecostes de manera casi irremediable, estaría bien que les contáramos el porqué. Sin negar nunca la amarga verdad: que la culpa mayor la tenemos nosotros, porque no fuimos capaces de defender nuestros intereses y los suyos. Para eso, para ayudar a poner en claro no el pasado, sino el futuro, se ha escrito este libro.”

"Leyenda Negra", de Antonio Sánchez Jiménez

Antonio Sánchez Jiménez, catedrático de literatura española en el Instituto de Lenguas y Literaturas Hispánicas de la Universidad de Neuchâtel, nos brinda una ocasión extraordinaria para abordar un tema con hondas repercusiones antropológicas y culturales: la Leyenda Negra antiespañola.

"¿A qué se debe el desconocimiento en que hoy se tiene a Juderías? Quizás al hecho de que en vida no estimó necesario pertenecer a ningún partido o grupo de interés claramente identificable. Hombre independiente, no estuvo adscrito a ninguno de los pesebres sociales ni culturales; ni fue masón, ni fue krausista, ni perteneció a la Institución Libre de Enseñanza, ni a la Asociación Católica de Propagandistas. En consecuencia quedó al margen de las luchas entre propagandistas e institucionalistas. Un hombre solo, que no pueda apoyarse en la poderosa palanca de un grupo, difícilmente alcanzará el éxito en la jungla social (...) y la independencia, a la larga, se paga".

Ya que tengo el día peruano... Ya que me he puesto al tema... Voy a decir cuatro cositas sobre leyendas negras, jesuitas devenidos en Sumos Pontífices y eso tan bonito de decir una cosa cuando, quizás, se esté pensando otra... Al lío...

Sólo entre Alemania y la Confederación Helvética suman el 50% de las víctimas ejecutadas por sus supuestas prácticas brujeriles: más de 40.000 ejecuciones, mayoritariamente mujeres.

Caspas leyendanegrescas

Carlos, el joven Carlos, no hablaba una palabra de español, nunca había visto tierra castellana. Pero ahí estaba, con dieciséis años, dispuesto a heredar el trono de sus abuelos maternos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. Y era el heredero por un cambalache del azar. Porque su tío Juan, decían, había muerto de excesos sexuales. Porque su padre Felipe, otro gran atleta sexual, apodado El Hermoso, estaba en Burgos, jugando a la pelota cuando, sudoroso, bebió abundante agua fría y, pocos días después, murió, presa de elevadas fiebres. Porque su madre Juana, llamada La Loca, perdió la cabeza con la muerte de su esposo, dicen, y había que encerrarla en un castillo de por vida. Y porque su abuelo Fernando, de sobrenombre El Católico, no fue capaz de hacerle un hijo varón (o una hija hembra, que tanto daba, a la hora de la verdad) a su segunda esposa, la francesa Germana de Foix, para deshacer aquello de "tanto monta monta tanto" que firmó con su primera mujer, la temperamental Isabel de Castilla, y separar, así, los reinos de Castilla y Aragón.