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Las horas

En el siglo XIV los relojes mecánicos comienzan a marcar las horas: es a partir de esa fecha cuando empiezan a erigirse relojes en torres de iglesias y lugares públicos.

Trabajo difícilmente clasificable y atractivo no me resisto a hacer una reseña del mismo aunque su conexión con la CF sea menos clara que en otras obras. Concebida por un clérigo inglés, Edwin Abbot, el libro es esencialmente una ingeniosa fábula pensada para reflexionar sobre ciertas premisas matemáticas.

A finales del siglo XVII la isla Mauricio, un pequeño pedazo de paraíso perdido en el Océano Índico, fue testigo de la extinción de uno de sus habitantes endémicos, el dodo, paradigma de la extinción provocada por el ser humano.

Cuentan que a la reina Victoria le gustó tanto Alicia en el país de las maravillas (1865) que ordenó que le enviaran el siguiente libro que escribiera su autor. No podía imaginar que dos años después recibiría en sus aposentos una copia del Tratado elemental de los determinantes que, por supuesto, no le divirtió en absoluto. Esta anécdota, tan popular como improbable, sirve para recordar que tras el pseudónimo de Lewis Carroll se ocultaba tímidamente Charles Dodgson, un brillante matemático y divulgador.

«Las únicas cosas que no estornudaban en la cocina eran la cocinera y un enorme gato que estaba sentado sobre el hogar s

La vida de Charles Lutwidge Dodgson (Daresbury, Cheshire, 27 de enero de 1832 – Guildford, Surrey, 14 de enero de 1898), más conocido como Lewis Carroll, ha dado lugar a innumerables estudios. Tal vez uno de los trabajos más sólidos sea la biografía escrita por Morton N. Cohen (Lewis Carroll, traducción de Juan Antonio Molina Foix, Anagrama, Barcelona, 1998, 691 páginas).

Parece mentira que, después de lo mucho que he escrito para The Cult, no haya dedicado ni una línea a los personajes cuyas historias sin parangón más tiempo han ocupado en mi vida. Se trata de los gatos, por supuesto. Y hablo tanto de gatos reales con los que he convivido, como de gatos que aparecen en cuentos, historias, poemas, fotografías o retratos.

Antes de llegar al País de las Maravillas, mientras caía a través del hoyo del conejo, Alicia comenzó a imaginarse lo que sucedería si atravesara la Tierra y apareciera en el otro lado del planeta. “¡Qué divertido sería salir entre esas gentes que andan con la cabeza abajo, y que son los antipatas, creo…!” [antipathies en el original en inglés]. Antípodas son personas que habitan en lados opuestos de la Tierra, aunque el término también puede emplearse para referirse a dos sitios localizados en lugares opuestos del mundo. Si imaginamos la Tierra como una esfera, la ruta imaginaria más corta entre un par de antípodas pasaría por el centro del planeta y la geodésica (la distancia más corta entre ellos sobre la superficie curva de la Tierra) mediría 20,000 kilómetros.

¿Saben de qué me acuerdo a menudo? De un día invernal, hace treinta años, en el que adquirí en una librería de lance El grito lejano, en edición pulp del sello Diana, fechada en 1963, y El ratón estelar, impreso por Bruguera en 1982. Aquella fue mi tarjeta de entrada en el universo de Fredric Brown, un formidable escritor, igualmente capaz en el campo de la fantasía estelar y en el de los misterios noir.

Uno de los entretenimientos narrativos de más éxito en el siglo 21 son los Juegos de Realidad Alternativa.