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No somos pocos los que compartimos la opinión de que la tercera temporada de Twin Peaks no solo fue la mejor teleserie de 2017, sino también la mejor producción de ese año, en general. Su creador, David Lynch, ya definió la primera entrega de Twin Peaks (1990-1991) como "una película en televisión", y esta premisa es aplicable a su continuación.

Los cinéfilos veteranos seguramente lo recuerdan. Ocurrió en diciembre de 1984. El público quería ir a ver una space opera al estilo Star Wars. "¿Dune? Suena divertido", se dijeron al comprar la entrada. Solo que, a los diez minutos de proyección, cayeron en la cuenta que no lo era. No era un espectáculo divertido, y lo que es peor, aquel largometraje resultaba incomprensible para el público medio, ajeno a las sutilezas y a la densidad filosófica de la novela en la que se basaba el film.