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La mayor contribución de Walt Disney a la industria e historia del cine fue el genio que aportó al arte de la animación. Sin embargo, desde la Segunda Guerra Mundial, su estudio también fue conocido por sus películas con actores de carne y hueso y sus programas para la televisión. Muchas de aquellas películas fueron producciones relativamente modestas, pero otras, como Mary Poppins o la cinta que nos ocupa, disfrutaron de un amplio presupuesto y una grandiosidad propia del mejor Hollywood clásico. Lo que todas tenían en común es que habían sido cuidadosamente pensadas para un público familiar.

Estás con tus amigas. Las más íntimas. Mujeres como tú, que han recorrido el tiempo del lazo del encuentro, las confidencias, las tardes en otoño, las compras y las risas. Estáis todas y allí, sin avisar, inopinadamente, llega una voz que dice, a través del WhatsApp o de la tablet, que una infidelidad se está cociendo. Que uno de vuestros hombres os ha engañado y se ha liado con otra.

"Brigada 21" (William Wyler, 1951)

Los cineastas que estos días nos convencen de que thriller y entretenimiento previsible son la misma cosa, ignoran que el cine clásico abordó el género policial con inteligencia, profundidad psicológica y magisterio narrativo. Brigada 21 (Detective Story) es un gran ejemplo de ello.

Ignorando su parentesco, el príncipe Einar (Kirk Douglas), sucesor del rey vikingo Ragnar (Ernest Borgnine), y el hijo ilegítimo de éste, un antiguo esclavo llamado Erik (Tony Curtis), mantienen una enemistad pública. Su rivalidad se ve incrementada cuando ambos se enamoran de la princesa Morgana (Janet Leigh). Traiciones dinásticas, mares brumosos, castillos medievales, conjuras palaciegas, espadas y dioses nórdicos, forman parte de esta historia épica, dirigida por Richard Fleischer en 1958 e inspirada en la novela The Viking de Edison Marshall, basada a su vez en las sagas de Ragnar Lodbrok y sus hijos.

Don Taylor, responsable de la penúltima y mediocre versión de La isla del doctor Moreau (The Island of Dr. Moreau, 1977), dirigió El final de la cuenta atrás (The Final Countdown, 1979), una curiosa superproducción protagonizada por Kirk Douglas.



En 1954 se estrenó esta nueva versión cinematográfica de la obra de Julio Verne 20.000 leguas de viaje submarino (20,000 Leagues under the Sea), que supuso el primer acercamiento de Walt Disney a la ciencia-ficción.