Trestesauros500

Me incluyo entre quienes no se indignan por un remake ‒Hollywood lleva haciéndolos desde los albores del cine‒ y entre los crédulos que esperan ver cómo una versión supera o iguala a su referente ‒comparen El prisionero de Zenda de 1937 con el de 1952, el Tú y yo de 1939 con el de 1957, el Ben-Hur de 1925 con el de 1959, o La cuadrilla de los once (1960) con Oceans's eleven (2001)‒. No pretendo que esto sea una regla. De hecho, es infrecuente que suceda... aunque sucede, y eso no conviene olvidarlo. Así que entiendan ustedes el buen ánimo con el que asistí a la proyección de Jumanji: Bienvenidos a la jungla.

Es muy lógico que los espejos siempre hayan ocupado un lugar en las historias de miedo. Al fin y al cabo, son una inquietante ventana a un mundo reverso, cuya prolongada observación provoca que nos empecemos a ver extraños, ajenos a nosotros mismos. ¿Quién no ha experimentado alguna vez esa sensación? Espero no ser el único.