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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

La literatura norteamericana del siglo XIX rebosaba de historias que bien podrían ser calificadas de ciencia ficción o romance científico. No hubo escritor de ficción americano de cierta relevancia en aquellos años que de alguna forma no abordara el género, aunque fuera mediante algún tipo de romance utópico: Herman Melville, Edgar Allan Poe, Nigel Hawthorne, Washington Irving o escritores de best-sellers del momento como Edward Bellamy o Mark Twain.

El viaje interplanetario no era un tema nuevo a mediados del siglo XIX. Ya mencionamos en un artículo anterior a Luciano de Samosata y su Historia verdadera, donde se narra una batalla espacial entre seres de otros mundos.

La ciencia ficción anglosajona y concretamente norteamericana tiende a ensombrecer las obras de otras nacionalidades. En el caso que nos ocupa, no se les puede reprochar, porque tras su aparición y a pesar de algunos comentarios laudatorios de personalidades de la época, Psi Cassiopea (o Los Libros Starianos según el título español) se deslizó hacia la oscuridad más absoluta en poco tiempo.

A menudo se suele presentar a Julio Verne como un precursor visionario de la tecnología en su vertiente más luminosa, poniendo como ejemplo dos de sus novelas más famosas, De la Tierra a la Luna y Viaje alrededor de la Luna, en las que el ingenio humano es capaz de salvar obstáculos aparentemente infranqueables.

En 1954, Walt Disney había cosechado un gran éxito con su lujosa adaptación de la novela de Julio Verne 20.000 leguas de viaje submarino. Dos años después, United Artists estrenó la igualmente espectacular La vuelta al mundo en ochenta días (1956), protagonizada por un extenso elenco de estrellas encabezado por David Niven y Cantinflas, y que ganó el Oscar a la Mejor Película de aquel año.

En 1826, John Symmes había enunciado su Teoría de las Esferas Concéntricas, según la cual la Tierra era hueca, habitable en su interior y accesible desde ambos polos. Docenas de autores aceptaron la teoría y se encargaron de trasladarla a sus relatos. Ya vimos uno de ellos, Symzonia. La narración de Arthur Gordon Pym también contiene elementos de ese tipo de historias. Pero sin duda el más famoso fue Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne.

The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket es la única novela escrita por Edgar Allan Poe. Dado que no conseguía alcanzar el éxito literario deseado con sus narraciones cortas, el escritor norteamericano intentó la serialización de esta historia en las páginas de la revista Southern Literary Messenger a lo largo de 1837.

Hubo un marcado tono optimista en muchas obras de mediados y finales del siglo XIX. El húngaro Mór Jókai fue un escritor cuya popularidad fue enorme a pesar de que los críticos supuestamente serios albergaban reservas sobre su calidad estética.

Nos encontramos en esta ocasión con una novela a mitad de camino entre la fantasía y la ciencia ficción, resultado quizá del cambio fundamental que el escritor hubo de hacer en el argumento a instancias de su editor. Como tantos libros de Verne, la historia comienza con un misterio, un enigma que llevará a sus protagonistas a embarcarse en un viaje con el fin de resolverlo.

Durante décadas, los estudiosos de Julio Verne han mantenido una dura y enconada controversia contra la idea popular de que el escritor fue el "Padre de la Ciencia Ficción" además de un profeta del futuro.