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Con la obra literaria de William Gibson como Biblia (en especial Neuromante, de 1984) y con la revista de cómics Métal Hurlant y la película Blade Runner (Ridley Scott, 1982) como principales referentes visuales, la cultura cyberpunk tuvo su mayor auge en las décadas de los 80 y los 90, justo antes de que Internet se instalara en todas las casas y cerebros del mundo, haciendo que lo que era ciencia-ficción se convirtiese en algo cotidiano.

Antes de esta, otras muchas películas han reflejado la pasión destructiva de Godzilla. El tema principal de la saga es fácil de resumir: una bestia antediluviana, nacida de la pesadilla atómica japonesa, sembraba el caos en los primeros filmes, y luego, en una larga lista de secuelas, empezó a enfrentarse a otros leviatanes, defendiendo tangencialmente a la humanidad.



Esta es la historia de un parisino enfermo que, creyendo que podría morir, empezará a ver a la gente con la que se encuentra de una forma nueva y distinta. Imaginar su muerte le da de repente un nuevo significado a su vida, a la vida de otras personas e, incluso, a la vida de toda la ciudad.



1850, Saint–Pierre, una pequeña isla francesa no muy lejos de Canadá. Una noche, un hombre es salvajemente asesinado. El culpable, Neel August (Emir Kusturica) es condenado a muerte.

Es un día de esos en que todo sale mal y es como si el destino hubiera decidido jugar un poco con las vidas de los humanos. Es el comienzo de las vacaciones escolares y estamos en el aeropuerto Charles de Gaulle de París.