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A la hora de ver una película, ninguna emoción es trivial, y la nostalgia menos. Por esto último, entre otras cosas, cualquier lector veterano de cómics Marvel se enamorará de Deadpool 2 instantáneamente, especialmente si leyó los primeros tebeos de este personaje ‒Masacre, creado por Fabian Nicieza y Rob Liefeld‒ cuando llegaron a nuestro país hace más de veinte años.

Diez años después del estreno de Iron Man (Jon Favreau, 2008), el universo cinematográfico de Marvel ya tiene bien claro qué ofrecer a su público objetivo. Un público que se divide en tres categorías: 1) fans acérrimos de estas películas, 2) lectores de cómics Marvel que no pueden evitar ver qué han hecho con sus queridos héroes, aunque sea para quejarse, y 3) simples espectadores con ganas de entretenimiento ligero e intrascendente, como es mi caso.

Hay un lugar en Internet llamado Rotten Tomatoes donde se reúnen las críticas de la prensa especializada (estadounidense, en su mayoría) y de los usuarios para calcular un “consenso”, una puntuación final. Para muchos, esta puntuación es Ley indiscutible, y conviene callarse la opinión sobre una película hasta no haber consultado cuál es el “consenso”, para no ir contra la corriente.

Este nuevo film de los hermanos Coen resulta desconcertante. Está bien que uno no sepa claramente qué pensar sobre una cinta según sale de la sala, más que nada porque hoy en día siempre se sabe qué esperar de la mayoría de las películas antes de verlas.

Crítica de "Gangster Squad" (2012)

Ruben Fleischer, el realizador de Bienvenidos a Zombieland, dirige este thriller de acción ambientado en 1949, un año en el que la ciudad de Los Ángeles padecía la insaciable ambición del gangster Mickey Cohen.



El autor Cormac McCarthy, disidente literario que ha alcanzado el nivel de leyenda moderna, ya era muy conocido por sus extraordinarias historias con el cambiante Oeste estadounidense de telón de fondo cuando publicó No es país para viejos en 2003.



Todos los movimientos giran en torno a un líder. Pero el tiempo pasa, se alcanzan los objetivos por los que luchaba el líder, y lo más normal es que se olvide el peso que llegó a tener esa persona.



No entraré en la polémica de las comparaciones. Me encanta la adaptación de la novela de Charles Portis que Marguerite Roberts firmó en 1969 para Henry Hathaway, y considero irrepetible la interpretación que John Wayne hizo entonces de Rooster Cogburn. Afortunadamente, las grandes historias nunca se cuentan lo suficiente, y los hermanos Coen nos regalan otra adaptación sensacional, tan conmovedora como imaginativa.



Wall Street: El dinero nunca duerme es una historia sobre ganar dinero a toda costa, donde las personas harán cualquier cosa por conseguir entrar en ese club tan exclusivo de la acumulación de riqueza y poder.  



La dosis anual de Woody Allen presenta todas las señas de identidad del cine del célebre artista. Se trata, según el director, de una "comedia triste" en la que se narran los autoengaños de varios personajes relacionados entre sí. Anthony Hopkins, Josh Brolin, Naomi Watts, Gemma Jones y Antonio Banderas se lucen en un film algo apagado.