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Antólogos, prólogos y errores

En este fragmento de la presentación de Recuerdos de la era analógica, Juanjo de la Iglesia y yo hablamos acerca de los diversos prólogos que tiene el libro, del legendario documento llamado la Donación de Constantino, por el que el Papa de Roma obtuvo el poder temporal (y parte del terrenal); hablamos también de la reinvención del pasado, tanto en el presente como en ese futuro en el que viven los antólogos del siglo 25, y también acerca de Isaac Newton y sus aficiones cabalísticas.

Armas de destrucción masiva

Cuando en el artículo Entre el corazón y el cerebro visitaron esta página algunos de los mayores asesinos de masas del siglo 20 (Hitler, Stalin, Mao y Pol Pot), me pregunté si esos cuatro personajes actuaron movidos por el cerebro y la razón o por el corazón o la pasión.

España y la URSS

Ofrece una variada utilidad el libro de Andreu Navarra El espejo blanco. Viajeros españoles en la URSS (Fórcola, Madrid, 2016, 328 páginas). El trabajo en sí mismo, con una caudalosa información aseadamente ordenada y expuesta, ahorra al lector curioso pero no especializado una profusa navegación por archivos, bibliotecas, hemerotecas y librerías de viejo. Además, aquel trabajo tiene un valor específico. En efecto, este tipo de pesquisas obliga a leer buena y mala literatura, a lo cual el lector hedonista, que es mayoritario, no está dispuesto. Pero hay más y se podría hablar de cierta moraleja histórica. Provisoria, como toda conclusión en el tráfago de la historia, pero muy útil como reflexión y balance.

Entre el corazón y el cerebro

Actuar siguiendo los dictados del cerebro o los del corazón es una dicotomía a la que recurren muchas personas.

Alguien me dirá al ver el título de esta entrada: “No se puede comparar a Mao (o a Stalin) con Hitler”.

Cuando el Alto Mando alemán rodeó Leningrado la privación de alimentos hasta la muerte fue una política deliberada para erradicar a la población civil de la ciudad.

La invasión soviética de Polonia

El antecedente de la invasión fue el Pacto de No Agresión Germano Soviético firmado el 23 de agosto de 1939. Su auténtico leit motiv era el deseo por parte de ambas dictaduras de resarcirse, a costa de sus vecinos, de las pérdidas territoriales sufridas tras la primera Guerra Mundial.