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El eterno y caótico polvorín que es Oriente Medio, un territorio fragmentado en el que se encadenan los enfrentamientos desde los tiempos bíblicos (o quizá desde antes), siempre es un buen escenario para relatos llenos de tensión.

La nueva película de Edgar Wright es prácticamente un musical. Uno “disfrazado”, pero musical al fin y al cabo. Hay quien podría decir que en realidad es un largo videoclip, pero el director británico nunca abandona la narrativa para ofrecer una sucesión aleatoria de imágenes y ritmos llamativos, así que mejor nos quedamos con la definición de “musical”.