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La guerra de las galaxias, Alien, Blade Runner, Cazafantasmas, Terminator, Parque Jurásico… Películas que los miembros de la Generación X llevamos en el ADN. Las adoramos de manera religiosa, las hemos visto mil veces en todos los formatos posibles y Hollywood, sabiendo que somos la quinta más nostálgica que ha existido, todavía sigue ofreciéndonos secuelas, remakes y reboots a estas alturas.

Por alguna razón que se escapa, en los últimos tiempos se ha puesto muy de moda la figura del célebre narcotraficante colombiano Pablo Escobar. Series de televisión, películas y documentales han brotado como setas. ¿Por qué? Ni idea, pero al menos hay que reconocer que don Pablo fue un personaje mucho más interesante que Steve Jobs (lo de los mil biopics y documentales sobre ese vendedor de ordenadores sí resulta inexplicable).

Para los de mi generación, las posibilidades de avistar un dinosaurio real –clonado por el método que difundió Parque Jurásico– son reducidas, por no decir inexistentes. Resulta obvio que, para los dinófilos, la única forma realista de admirar a una de estas criaturas se debe a los efectos digitales. De ahí que nos emocionásemos tanto en 1999, cuando, a partir de una idea de Tim Haines, la BBC produjo los seis episodios del documental Caminando entre dinosaurios (Walking with Dinosaurs).



James DeMonaco, un admirador de John Carpenter, nos dice: “Desde niño me gustan las películas que transcurren en un solo sitio. Me encantan las películas de asedio. Fue la segunda película que alquilé en vídeo y me gustó mucho. Tenía 13 años, acabábamos de comprar nuestro primer vídeo. Me fui al videoclub y alquilé Fort Apache, The Bronx y Asalto a la comisaría del distrito 13”.



El dúo de policías que protagoniza Asesinato justo demuestra la fascinación que aún siente el público por el detective hardboiled, que tan buenos momentos dio a la novela negra de los cincuenta.