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A comienzos de los años cincuenta del siglo XX, se produjeron varios films de ciencia-ficción que gozaron de la aceptación de un público muy amplio, como Destino la Luna, Ultimátum a la Tierra o Planeta Prohibido.

Aunque el talento estético y narrativo de ese gran director llamado Ridley Scott se adapte a todo tipo de tramas, es evidente que le gusta la ciencia-ficción. Ya demostró ese interés en 1979, filmando a un carismático depredador extraterrestre a través de un carguero espacial. Lo hizo en la formidable Alien: el octavo pasajero, y muchos aún no nos hemos repuesto de la impresión.

Desde la novela Nosotros, del ruso Yevgeny Zamyatin, una de las primeras antiutopías de la historia, pasando por Rebelión en la granja o 1984, hasta nuestros días, con Los juegos del hambre, la ficción distópica ha sido un género de inagotables recursos. Ya sea por su aterradora cercanía con la realidad o como fórmula de protesta, nos atrae y nos repele, pero es innegable que nos arrastra con ella hasta los más dispares infiernos de nuestra imaginación.

Las cosas van cambiando, y Asia se impone cada vez más en todos los ámbitos. ¿Están ustedes hartos de que Hollywood haga remakes de recientes éxitos ajenos y se cuelgue las medallas (The Ring, Infiltrados, etc.)? Bueno, pues con Snowpiercer las cosas se le ponen difíciles a la otrora Factoría de Sueños, ya que se trata de una coproducción internacional –vale, también con aportación gringa, pero principalmente surcoreana– que cuenta con un espectacular reparto encabezado por el mismísimo Capitán América, Chris Evans.

Crítica: "The Day of the Doctor" (2013)

Por supuesto que es algo especial escribir sobre The Day of the Doctor, no faltaba más, y casi no hay más remedio que comenzar por subrayar lo que muchos lectores ya saben: este es el episodio especial que conmemora los 50 años de la serie Doctor Who. Emitido el 23 de noviembre por televisión y programado en los cines de numerosos países, The Day of the Doctor es una de esas raras producciones que nos hurgan por todos los rincones del alma. Otra cosa –ahora hablaré de ello– es que ese afán se traduzca en un relato que logre conmovernos adecuadamente.



Hace tiempo que las distancias entre clasicismo y modernidad anuncian –en opinión de los críticos más apocalípticos– el agotamiento del séptimo arte. Sin embargo, en una década tan llena de productos comerciales como los ochenta, surgieron obras maestras como la que ahora nos ocupa.

"Hellboy" (Guillermo del Toro, 2004)



“Hellboy es una mezcla realmente interesante entre Mike Mignola y Guillermo del Toro. Hay mucho de mí mismo ahí y hay cosas que son diferentes. Pero es fiel al espíritu de mi equipo”, dice Mike Mignola.

Pongámonos en situación. Nuestro viaje colectivo hacia el futuro casi había alcanzado una fecha singular para el género, el año 1984. Por aquel entonces, esa era una cifra que servía para ubicar la peor distopía: aquella imaginada por George Orwell en las páginas de su novela más famosa.

Aunque el Nuevo Hollywood reclamaba propuestas cada vez más originales, también necesitaba ser rentable. Esa contradicción explica el desastre absoluto en el que se convirtió la producción y el estreno comercial de La puerta del cielo, de Michael Cimino.

"Outlander", de Howard McCain

Las pretensiones desmedidas suelen molestar –y de qué manera– al aficionado a los géneros populares. Por suerte, Outlander no cae en esa tentación, y por eso mismo despierta una clara simpatía.