Trestesauros500

Las chicas guerreras de escaso atuendo han sido un tópico de la Espada y Brujería desde los comienzos gráficos del género. La Dejah Thoris de John Carter, Red Sonja en Conan, Xena, Ghita de Alizarr, Amethyst… Pero de entre todas ellas merece la pena recuperar una cuya vida editorial fue inmerecidamente corta: Marada: La Mujer Lobo.

Kull fue uno de los muchos hijos literarios del escritor Robert E. Howard, el autor que creó a Conan el Bárbaro en 1931. Aunque éste fue sin duda su personaje más popular y longevo, dos años antes, en 1929, había publicado la primera aventura de otro bárbaro convertido en rey llamado Kull: El reino de las sombras, que según muchos es el primer relato que verdaderamente puede ser encuadrado en el subgénero de Espada y Brujería. Los doce relatos que Howard escribió de este (aunque en vida sólo aparecieron publicadas tres) destilaban un tono místico y existencialista que contrastaba con el sucio realismo del mundo de Conan.

Las historias entretienen, ilustran, educan, inspiran, obsesionan, asombran y hasta pueden cambiar el mundo. Y si una historia puede hacer todo eso, aquellos que las conocen, que las cuentan, tienen más poder del que podría pensarse. El problema es que intentar aprovecharse de ese poder más allá de unos límites es jugar al aprendiz de brujo, pretender controlar unas fuerzas que en realidad se desconocen y, en último término, sufrir las consecuencias de tal osadía.

Batman: Manbat

La culpa no la tiene el Dr. Robert Kirkland, sino ese suero que diseñó tras estudiar pacientemente a los quirópteros. Un suero que lo transforma en humanoide volador, con rasgos de murciélago. Un suero que en este cómic memorable se convierte en vehículo del delirio, del terror y de una inesperada sátira social.