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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Rojo y negro

En 1830 Stendhal publicó El rojo y el negro, novela que relata la breve y trágica vida de un joven provinciano de origen humilde, Julien Sorel. A pesar de tener inteligencia y facilidad para aprender, su carácter ambicioso le nubla el entendimiento, y por asuntos de amor pierde la cabeza (literalmente).

Goethe, una vez más

Goethe cumplió ya sus primeros 260 años. Aunque su soporte físico haya muerto hace más de un siglo y medio, el constante retorno a sus libros autoriza a celebrar su aniversario.

Los censores de Goethe

En 1771, el joven Goethe había terminado Götz van Berlinchingen, el de la mano de hierro. No halló editor para esta temprana novela dramática, que se publicó en 1773 sin nombre de autor ni pie de imprenta.

José Clavijo y Fajardo vivió en una España en la que se promovían las ciencias y la cultura. Fue periodista, naturalista, defensor y divulgador de la ciencia y durante mucho tiempo fue vicedirector del Real Gabinete de Historia Natural, que es como en su época se llamaba el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Pero no fueron estos méritos los que le convirtieron en un personaje famoso, protagonista de numerosas obras de teatro de proyección internacional. ¿Cuál fue la historia que inspiró a Goethe y a Beaumarchais entre otros?

Cuidado con las grandes obras

Goethe, en sus conversaciones con Eckerman, advierte a su cronista de que tenga cuidado con proyectar grandes obras. El problema de las grandes obras es que bloquean cualquier acción:

El revés y la trama

Estamos tan acostumbrados a escuchar aquello de Tradutore, traditore cada vez que se habla de la traducción, que se ha convertido en un tópico.

La vida es interesante porque existe la posibilidad de fracasar. Johann Wolfgang von Goethe y Jacques de Vaucanson sobreviven en nuestra memoria porque no se propusieron nada razonable. Ambos compartían una verdadera fascinación por la capacidad de crear. ¿Equipararse a Dios? Es una manera de verlo. No cabe duda. Pero no debemos desdeñar el impulso de añadir algo a lo que ya existe. A Goethe, como a Vaucanson, puedo imaginarles saboreando esa punta de espuma deliciosa sin la cual la vida pierde su sabor de aventura.