graciasportadadefesq

¿Recuerdan en qué consiste el glam, no? Todo comenzó en 1971. Música pegadiza, riffs de guitarra, toques de music-hall, vestuario extravagante, maquillaje, dandismo y mucha ambigüedad. Aquel estilo se encarnó en Marc Bolan y T.Rex, en David Bowie, The Sweet y Gary Glitter. El invento triunfó, por supuesto, y luego fue derramando su purpurina sobre otras corrientes musicales, empezando por el rock operístico de Queen.

Un puede discutir con argumentos si una comedia está bien escrita o no, si es original o pura fórmula, si es sofisticada o zafia, etc. Lo que no se puede discutir es si es graciosa o no. Si alguien se ha reído con una comedia, para esa persona ha sido graciosa.

Se puede decir que Wes Anderson es un director fiel a su propio imaginario. En cada una de sus historias encontramos una serie de denominadores comunes: estética simétrica y preciosista, obsesión por el fetiche retro, escenografía teatral, planos exquisitos, melancolía, humor y un viaje, ya sea interior, exterior o ambos, en el que conviven un íntimo aprendizaje e hilarantes aventuras. Desde Bottle Rocket hasta El Gran Hotel Budapest, sus fábulas se desarrollan en un mismo lugar: un mundo onírico, ficticio, irreal que con cada nueva película va ampliando sus fronteras. Esta vez la imaginación andersoniana hace hueco a un nuevo país, esculpido a partir de los países del este de Europa.



Con solamente tres películas (Bottle rocket, Rushmore y The Royal Tenenbaums), Wes Anderson ha establecido un punto de vista cargado de comicidad y a la misma vez profundamente humano acerca de la vida moderna y las relaciones.

A partir de un inteligente libreto de Ron Koslow, John Landis convirtió Cuando llega la noche en una comedia de acción interesante, dinámica y repleta de giros.