A veces pienso si no lo soñé: en 2003, durante un viaje por el sur de Francia con mi novia de entonces, tras detenernos de buena mañana a comprar agua en un bar, me encontré con Jean-Paul Belmondo en la terraza. Me quedé helado: sí, era nada menos que Belmondo.
Yo ya me había encontrado en París con Jean-Hugues Anglade, paseando el carrito con su bebé a la vera del Sena, le había reconocido y él me dio conversación y estuvimos charlando unos minutos. Muy agradable el tipo.