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La vida es interesante porque existe la posibilidad de fracasar. Johann Wolfgang von Goethe y Jacques de Vaucanson sobreviven en nuestra memoria porque no se propusieron nada razonable. Ambos compartían una verdadera fascinación por la capacidad de crear. ¿Equipararse a Dios? Es una manera de verlo. No cabe duda. Pero no debemos desdeñar el impulso de añadir algo a lo que ya existe. A Goethe, como a Vaucanson, puedo imaginarles saboreando esa punta de espuma deliciosa sin la cual la vida pierde su sabor de aventura.