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Hay ocasiones en que el espectador se siente obligado a hojear con discreción uno o dos libros mientras se ilumina la pantalla del cine. Y ésta de hoy, sin duda, es una de esas oportunidades. No sólo por la magnitud del personaje protagonista, J.D. Salinger, como por la importancia que adquiere su obra maestra, El guardián entre el centeno (1951), en el guión de la película que nos ocupa.

"Oona y Salinger", de Frédéric Beigbeder

El francés Frédéric Beigbeder es, como tantos hombres de nuestro tiempo y de épocas anteriores, alguien que se resiste a envejecer. Fue el enfant terrible de las letras francesas y ahora, a los cincuenta años, se ha casado con una mujer veinticinco años menor para perpetuar así el ansia de juventud. Como sabemos, caso inútil. La juventud no vuelve por mucho que las sábanas de seda te envuelvan junto a un cuerpo joven. Pero Beigbeder no esconde su debilidad y por eso hemos de aceptarla. Son cosas de hombres, podemos afirmar y no equivocarnos.