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"Bajo la red", de Iris Murdoch

En sus fotos de juventud Iris Murdoch permanece seria, con una mirada distante, pensando en sus cosas, alejada del espectador, reconcentrada en sí misma. Solamente en las imágenes de los últimos años de su vida podemos verla esbozando sonrisas, siempre al lado del hombre con el compartió cuarenta y tres años, el profesor y escritor John Bayley (1925) que la cuidó cuando el Alzheimer empezó a rondarla unos cuatro años antes de morir.

Hay un momento al principio del libro en el que Lily Boyne y Rose Curtland se tropiezan en medio del jolgorio bullicioso y casi aristocrático de una fiesta de antiguos alumnos en Oxford. Las fiestas de antiguos alumnos tienen todas el mismo aire de nostálgica pesadumbre pero, en esta ocasión, también goza de un sí es no elitista, cuajado de promesas incumplidas, de brillantez venida a menos y de conflictos sin resolver. Lily y Rose no son amigas ni lo han sido nunca y por eso no se conocen lo suficiente como para saber, en realidad, lo que piensa la una de la otra y viceversa. Así que, lógicamente, malpiensan. Aventuran adjetivos que no existen y manejan conceptos que no son exactos.